domingo, 28 de diciembre de 2008

8) Balas soviéticas en el NO de Madrid




BALAS SOVIÉTICAS EN EL NOROESTE DE MADRID

En los libros de historia se habla con frecuencia de la ayuda militar que la URSS proporcionó a la República durante la guerra civil. Existe mucho escrito al respecto: documentos de todo tipo, estudios serios, teorías bien argumentadas… también hay mucha literatura y fantasías de todo tipo elaborada al respecto por uno y otro bando.

La cantidad de material que llegó a España, lo que costó esa “ayuda”, el tipo de armamento que la URSS entregaba, etc., etc., todo ello forma parte del debate y la investigación historiográfica, todo ello resulta de especial interés para el conocimiento y comprensión de aquella época.

Sabiendo esto, no es extraño que cuando un día, paseando por el campo, uno se encuentra un viejo y oxidado casquillo de lo que fue una bala para fusil Mosin Nagant, no pueda evitar sentir algo especial. De repente, todo lo que uno ha leído al respecto se materializa en un pequeño trozo metálico, tirado en el suelo durante setenta años, esperando a que tú lo encuentres. Automáticamente se establece una especie de nexo de unión entre el pasado y el presente y tu mente comienza a pensar en cosas: ¿qué ocurrió aquí?, ¿quién disparó aquella bala?, ¿contra quien iba dirigida?,...

El fusil Mosin Nagant, calibre 7,62x54R, fue uno de los más utilizados durante la guerra civil española. Su origen se remontaba a 1891, experimentando diversas modificaciones en los años treinta. A los seis meses de comenzado el conflicto, este fusil comenzó a llegar en grandes cantidades a España, si bien, al principio, la URSS aprovechó para desprenderse de los lotes más viejos y anticuados (modelo 1891), antes de comenzar a enviar los más modernos (modelo 1930 y 1938) convirtiéndose, posiblemente, en el fusil más ampliamente utilizado por el Ejército Popular de la República.

Su aspecto resultaba arcaico ya en la época, debido sobretodo, a la bayoneta del tipo cubo (51 cm.) que utilizaba. Una bayoneta de punta plana (para ser utilizada como destornillador) que, a falta de funda se llevaba colocada en el mismo cañón del fusil, pero al revés, armándola al derecho al llegar el momento de calar bayonetas. Sin embargo, esta imagen obsoleta, no se correspondía con su gran eficacia, especialmente a gran distancia. Su proyectil, de tipo ojival, era más ligero que el de otros calibres similares, pero efectuaba unas trayectorias muy firmes, sin apenas desviación o alteración, a unos 800 m/seg. En la Segunda Guerra Mundial, el ejército soviético, perfeccionó un modelo de precisión con mira telescópica, que fue el preferido de los francotiradores (ver película “Enemigo a las puertas”).

En el culote de la vaina aparece (no siempre) el marcaje con el año y el lugar de fabricación. Y es, en este aspecto, en donde el casquillo te habla. Consultando los catálogos de armamento puedes interpretar los caracteres grabados y descubrir, con cierta sorpresa, que en tus manos tienes munición fabricada en 1930, en 1935, en el 37…, en lugares que casi no puedes ni pronunciar, como la Fábrica Estatal de Barnaul, en Novosibirsk (marcaje 17), o Zadov Volodarskogo, en la Planta de Ylianovsk (marcaje 3B). Muchos años y muchos kilómetros separan la fabricación de esa bala del momento en que la encuentras, y muchas, son también, las sensaciones y pensamientos que el hallazgo te causa.

Pasear por las viejas trincheras, por los solitarios pastizales que un día fueron campo de batalla, por las modestas lomas y crestas del terreno por cuyo control se mataron los combatientes hace setenta años, en ocasiones, puede ofrecer sorpresas. Pequeñas pruebas y evidencias de que aquello que has leído en los libros ocurrió de verdad.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Munición Mossin Nagant en diferente estado de consertvación recogida en el noroeste de Madrid (JMCM)

lunes, 22 de diciembre de 2008

7) Hormigón y acero




HORMIGÓN Y ACERO

Pasear por el campo y encontrar una de estas construcciones nos hace ser conscientes de que aquí hubo una guerra. Entrar en su interior hace pensar en quienes las levantaron y las defendieron. Aquellos combatientes se preguntarían como habían llegado hasta aquella fría trinchera, mientras aferraban sus fusiles temerosos de un ataque fortuito que acabara con su vida. Otros, buscarían en sus diferentes ideologías y creencias la justificación y el convencimiento de que todo aquello tenía algún sentido. Todos lucharon por sobrevivir al infierno en el que se vieron inmersos. Muchos dejaron sus vidas en los combates, otros sacrificaron los mejores años de su juventud y todos quedaron marcados para siempre por lo que vivieron, por lo que sintieron, por lo que vieron, por lo que experimentaron.

Los fortines son recordatorio de todo aquello y, posiblemente, constituyan el patrimonio histórico-cultura más importante de los municipios del noroeste madrileño. Unos municipios que han crecido de espaldas a su pasado. Un crecimiento sin gusto, sin personalidad, al compás de un urbanismo depredador e insaciable. Es lo que ocurre cuando, para las instituciones de todo tipo (políticas, judiciales, culturales…), solo prevalece el interés económico por encima de cualquier otro (social, ecológico, histórico, sentimental…).

Han sido varias las ocasiones en que hemos visto caer bajo la pala excavadora algunas de estas fortificaciones y somos conscientes de que este atentado cultural seguirá produciéndose. Por ello creemos que hay que fomentar y animar iniciativas autónomas a estos poderes monolíticos que parten y reparten a su antojo, en beneficio propio y de sus intereses de grupo, lo que no debería pertenecer más que al patrimonio común de todas y todos.

No son imprescindibles (aunque nos quieran hacer creer lo contrario) para poder acercarnos a la historia, a nuestro pasado, a esa “memoria histórica” de la que tanto se habla últimamente y que también están empeñados en mediatizar y politizar.

Las huellas del pasado, más o menos reciente, están ahí, han aguantado el paso del tiempo y los avatares de la historia y merecen un respeto y consideración. A ellas podemos acercarnos sin que nadie nos marque o imponga lo que si tiene interés de lo que no lo tiene. Ser nosotros mismos los que descubrimos y nos acercamos a ese pasado.

Encontrarse in situ con la Historia proporciona la sugerente posibilidad de descubrir cosas por nosotros mismos, cosas que no están en los libros: sensaciones, emociones, impresiones… Al mismo tiempo, al pasar de simple espectador que se limita a aceptar lo que le muestran y explican, a sujeto activo que busca e intenta encontrar explicaciones, se fomenta la implicación de la gente y que esta asuma más fácilmente el compromiso de proteger y cuidar este patrimonio común de las constantes amenazas y agresiones a que esta expuesto, reivindicando su importancia y exigiendo su cuidado. No es imprescindible ser un especialista o profesional de la historia, solo hace falta ganas, algo de sensibilidad y respeto para no alterar negativamente o destruir las huellas de nuestro pasado.


De todos los restos y huellas que de la guerra civil perduran por el noroeste de Madrid, son, posiblemente los fortines, los que resultan más llamativos y atrayentes. Algunos, víctimas del paso del tiempo y de las agresiones de todo tipo, se encuentran ya muy deteriorados. Otros, sin embargo, mantienen su fortaleza y firme presencia sobre el terreno en el que fueron levantados, como esperando aun, que aparezca el enemigo para empezar a escupir fuego por sus oscuras troneras.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ
 
Fotografía 1: Las Ceudas (Las Rozas).
Fotografía 2: Vértice Cumbre (Las Rozas).
Fotografía 3: Cerro Mocho (Las Rozas).

viernes, 19 de diciembre de 2008

6) Las rutas de "Frente de Batalla"


LAS RUTAS DE "FRENTE DE BATALLA"

Uno de los objetivos principales de “Frente de Batalla” es el estudio de la guerra civil en el noroeste de Madrid y su divulgación socio-cultural. Con este propósito hemos elaborado unas posibles rutas guiadas para todos aquellos que puedan estar interesados. De momento ofrecemos tres posibles itinerarios:

1) Dehesa de Navalcarbón (Pinar de Las Rozas).
2) El Arenalón (Entre la estación de tren de Las Rozas y las tapias del Pardo).
3) Fuente del Cura (Entre el Heron City de Las Rozas y la urb. La Chopera).

En las tres rutas podrán verse restos de fortificaciones, trazados de trincheras y otras cosas interesantes de lo que fueron las líneas de frente durante la guerra civil. La duración aproximada de los recorridos es de dos horas y, aunque transcurren por parajes naturales, la dificultad es mínima. Las rutas son totalmente gratis.

Si te interesa la Historia que te rodea y te apetece conocer aspectos de la arquitectura militar del noroeste de Madrid, ponte en contacto con nosotros escribiendo un correo a:

Fotografía: Miembros del batallón "Comuna de París" de "ruta" hacia las primeras líneas de fuego (Nov.1936)

5) Juegos de guerra





JUEGOS DE GUERRA

Los jardines de la iglesia siempre fueron un lugar perfecto para jugar (al menos cuando los niños jugaban en la calle). A veces nos gustaba jugar a la guerra (con armas de juguete o a pedrada limpia, dependía del día) sin sospechar que, algunas décadas antes, en ese mismo lugar, había habido una batalla de verdad.

A principios de los ochenta el proceso de modernización de Las Rozas era ya una realidad. Un día llegaron las maquinas excavadoras y comenzaron unas obras que pusieron todo patas arriba. Había que reformar el alcantarillado, las conducciones de agua y luz y, por fin, asfaltar las calles. Se abrieron profundas zanjas, se talaron varios árboles y, durante bastante tiempo, los vecinos tuvieron que convivir con las aparatosas obras.

Un día sucedió algo que llamó la atención a propios y extraños. Una de las palas excavadora había topado con dos obuses de la guerra civil en los jardines de la iglesia. Los obreros pararon las obras, vinieron la guardia civil y la policía local y todo se lleno de curiosos, aunque la verdad es que no se podía ver nada porque los agentes no dejaban acercarse.

¡Bombas de la guerra! ¡Menuda emoción! Para un lugar donde nunca pasaba nada la noticia era más que excitante. Al menos a mi me lo pareció.

Comenzaron entonces a escucharse historias: “que la iglesia había sido destruida en la guerra”, “que en su torre se había instalado un nido de ametralladoras”, “que las obras de reconstrucción habían tardado muchos años en concluir, porque el estado en que había quedado el edificio era una ruina total”, “que si patín, que si patatán”…

Efectivamente, la parroquia de San Miguel Arcángel, como todo el pueblo de Las Rozas, había sido escenario de duros combates en el, ya lejano, invierno de 1937. Su condición de edificio recio y robusto, así como su situación dominante del entorno, provocaron que la iglesia se convirtiera en un disputado bastión defensivo.

En enero de 1937, el sector de frente comprendido entre Valdemorillo y Majadahonda estaba cubierto por la 8ª División republicana, al mando de Kléber (que el día 3 será sustituido en el propio terreno por el comandante Eduardo Cuevas). Especie de hibrido entre milicia popular y ejército profesional, esta División se había creado sobre la marcha de los combates de noviembre y diciembre. Algunas de sus brigadas estaban todavía en formación, otras como la XXXV Brigada Mixta (antigua Columna Barceló, ahora al mando del italiano Nino Nanetti) o la XI Brigada Internacional (al mando de Hans Kahle) contaban con poco armamento y menos munición.

El 3 de enero, el general Orgaz ostenta el mando supremo de las tropas franquistas. La tercera y última fase de la Batalla de la Carretera de La Coruña va a dar comienzo. Cuatro columnas franquistas rompen la línea de frente, abriendo una bolsa de 7 Km de largo por 8 de profundidad. El día 4, dos de estas columnas atacaron Las Rozas: la de Iruretagoyena, que avanzaba desde Villanueva del Pardillo, y la de Barrón, que lo hacía desde Majadahonda. El mando republicano envía desesperadamente refuerzos. La Brigada E, al mando del Campesino, acude a Las Rozas. Sus hombres quedaran aislados en el interior del pueblo, resistiendo con decisión el ataque enemigo pero perdiendo finalmente sus posiciones.

Días después, los contraataques republicanos de la XII y XIV Brigadas Internacionales, apoyados por carros T-26, intentarían reconquistar Las Rozas y Majadahonda, pero chocaron con la tenacidad de las tropas de Iruretagoyena (africanas en su mayoría) que no cedieron la posición y aguantaron con decisión y valor el contundente ataque del enemigo.

Jornadas de duros combates, de frío de enero, de bombas de mano y bayonetas caladas. Jornadas de sangre y escombros.

Los estragos de la guerra dejaron su huella por todo el pueblo. La iglesia se vio especialmente dañada, hasta el punto de que cuando se procedió a su reconstrucción, se decidió tirar lo que quedaba de torre y levantarla de nuevo.

En los mismos jardines en que los niños jugábamos a la guerra en los años ochenta, habían caído, muertos y heridos, docenas de combatientes en una batalla de verdad. Una batalla casi olvidada pero que el descubrimiento de aquellos proyectiles volvió a traer al presente. Jugar a la guerra en los jardines de la iglesia no volvió a ser lo mismo.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1: La iglesia de San Miguel tal como quedó tras los estragos de la guerra (AGA)
Fotografía 2: La iglesia de San Miguel tras la demolición de la torre, antes de comenzar su reconstrucción, 1940 (AGA).
Fotografía 3: La iglesia de San Miguel en la actualidad (2008, JMCM)

jueves, 11 de diciembre de 2008

4) Mirar con otros ojos



MIRAR CON OTROS OJOS

Siempre me gustó pasear por el campo. Recorrer viejos caminos de tierra, subir a las lomas y los cerros, contemplar los pastizales, los bosques silenciosos, los tranquilos cauces de arroyos y ríos.

Siempre me gustó salir de los núcleos urbanos. Observar la ciudad desde lejos. Ver su perfil recortándose en el horizonte. Andar por sus cinturones de escombros y basureros con los que sus habitantes la han ido rodeando poco a poco, sin control, sin sentido.

Siempre me sedujeron las ruinas. Acercarme a los despojos de un pasado, de una historia ya vivida. Los castillos, las casas, las fábricas... Piedras, cemento, ladrillo resistiendo el paso del tiempo, el embate de una Naturaleza que reclama lo que es suyo, inundándolo todo de plantas, de tierra, de musgos, de hojas, de ruina... de silencio, de vacío.

Siempre me gustó la Historia. Conocer lo vivido, lo sentido, lo ocurrido en un lugar. Conocer aspectos del pasado de un sitio hace que mires el entorno con otros ojos. Mirar, no simplemente ver, como habitualmente sucede.

Pasear, con un mínimo de sensibilidad, por lo que fueron campos de batalla es una experiencia extraña. La tierra que uno pisa fue regada por la sangre de los combatientes. El mismo espacio en el que uno se encuentra se llenó del retumbar de explosiones, del repiqueteo de disparos, del sonido mecánico de los carros de combate, de los gritos de rabia, de miedo, de coraje y de dolor de aquellos que aquí estuvieron.

Hoy todo permanece tranquilo, prácticamente olvidado, desconocido para la mayoría de los que, de vez en cuando, se acercan a estos lugares. Pero la Historia está ahí, presente para quien quiera descubrirla. Cuando conoces algo del pasado vivido en un lugar, miras con otros ojos. Y cuando miras con otros ojos, a veces encuentras cosas, encuentras pistas, encuentras pruebas.

Los restos de una trinchera, las ruinas de un fortín, un trozo de metralla o, simplemente, una sensación, una emoción, un nexo de unión entre el pasado y el presente que te hace pensar, meditar, que te hace sentir.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1)  Trincheras y ruinas de fortín republicano en La Puentecilla (JMCM).
Fotgrafía 2) Vaina de fusil mauser encontrado en Las Rozas (JMCM)

martes, 2 de diciembre de 2008

3) Manos a la obra









MANOS A LA OBRA

Con pico, pala y rastrillo como armas de combate y protegidos con guantes, mascarilla de papel y mono de trabajo se inició la batalla.

Resulta curiosa la afición que tenemos las personas de llenar todo de basura. Acumulando durante años desperdicios de todo tipo, en los lugares más insospechados. Uno no puede dejar de preguntarse quiénes irían trayendo hasta aquí (¡precisamente hasta aquí!) tal cantidad de restos extraños. Hay que tener muchas ganas de arrastrar por el campo cosas sin lógica ni sentido aparentes. Sinceramente, es mucho más fácil y cómodo depositarlas en los contenedores que hay junto a las casas. Misterios de la condición humana.

"Frente de Batalla" actúa a la inversa. Va recogiendo la basura en diferentes sacos (dependiendo de que se trate de vidrio, escombros, plásticos y demás detritus) y arrastrando éstos, hasta el lugar más próximo al que puede llegar un coche, se cargan y se llevan a un Punto Limpio. Es otro tipo de locura.

El siguiente paso sería extraer la tierra que, con el paso del tiempo, ha ido introduciéndose en el interior de la fortificación de manera natural. Cualquier día nos dá la vena y nos ponemos a ello. De momento nos conformamos con adecentar el interior y el entorno de estas construcciones, ¡que no es poco!

Como esa extraña manía de llenar todo de basura, parece algo patológico en algunos seres humanos, cada cierto periodo de tiempo toca volver, pero el trabajo ya es "sólo" de mantenimiento.

Estas fotos corresponden al fortín de Nava los Santos (UNED), en Monte Rozas. Aunque no son muy buenas, el antes y el después parecen evidentes.

"PROYECTO FRENTE DE BATALLA"

Fotografías de JMCM

2) Si me quieres escribir...


SI ME QUIERES ESCRIBIR...
Para contactar escribir a:
blogfrentedebatalla@gmail.com
Como dice la vieja canción de guerra: "Si me quieres escribir ya sabes mi paradero..."

Fotografía: Miliciano en el frente de Madrid (Archivo Rojo. AHN).