domingo, 10 de mayo de 2009

27) ¡Gefallen!




¡GEFALLEN!

La batalla de Boadilla fue una experiencia durísima para los internacionales, que consumieron batallones enteros, tanto en su defensa, como en los posteriores intentos por reconquistar el pueblo. Los ataques y contraataques se sucedieron por todo el sector (Romanillos, Mosquito, encinares en torno a Boadilla…), en una lucha cruel y sangrienta. Entre los días 14 y 22 de diciembre de 1936 se sucedieron jornadas terribles. Las fuerzas de choque nacionales (moros y legionarios en su mayoría) demostraron una decisión y fuerza que terminó superando la resistencia de los republicanos.

El británico Esmond Romilly (que era sobrino de Winston Churchill), combatió en la XII Brigada Internacional, en el grupo británico del Batallón Thäelmann. Durante la II Guerra Mundial fue piloto de guerra, muriendo en 1941, cuando su avión, no se sabe muy bien si derribado por el enemigo o a causa de un fallo técnico,  se precipitó en el Mar del Norte. Sus experiencias en la guerra civil española las recogió en un libro cuyo título es “Boadilla”, de la que no existe edición española y que en inglés, es caro y difícil de conseguir.

En aquel invierno de 1936, Esmond Romilly tenía 18 años. Tras la pérdida de Boadilla, los republicanos se hicieron fuertes en las lomas cubiertas de encinas y pinos que aun hoy pueden verse al norte del pueblo, y en la zona boscosa que se extiende hasta Majadahonda. Desde estos bosquecillos partieron diferentes contraataques republicanos para intentar recuperar Boadilla, contraataques que fracasaron, pero que supusieron numerosas bajas para uno y otro ejército.

En su libro, Romilly da testimonio de aquellos combates, habla del frío y de la niebla (que le hacían pensar “que podría estar en Inglaterra"), de las explosiones que descortezaban los troncos de los árboles, nos cuenta como las ráfagas de ametralladoras frenaban en seco los ataques de los batallones, dejando el suelo cubierto de muertos y heridos, recuerda el caos de órdenes y consignas, mezclándose las voces en alemán, en italiano, en polaco, en inglés, en español… entre el tronar de morteros y cañones.

Un buen ejemplo de la dureza de aquellos combates lo encontramos una de las veces que Romilly nos habla del Batallón Thäelmann (formado mayoritariamente por alemanes, aunque también contaba con combatientes de otras nacionalidades, como ingleses o españoles, y del que ya hemos hablado en otra ocasión). Romilly recuerda como fue el pase de lista del Thäelmann después de uno de los intentos de reconquistar Boadilla del Monte:

“Walter tomó en sus manos la lista de la primera compañía del batallón Thäelmann, momentos antes del cambio de guardia de medianoche. Pronunciaba cada nombre y hacía una pausa hasta que el silencio se volvía insufrible.

Oswald y su patrulla de quince hombres… faltaban todos; de pronto recordamos aquellos fusiles apuntando hacia abajo en aquella trinchera y los bayonetazos en aquellos cuerpos. El comandante cruzaba sus nombres con la misma palabra: “gefallen” (“caído”).

De la primera y de la segunda sección, quince hombres respondieron: ¡hier! (¡aquí!). Cuarenta y tres no respondieron. Tercera sección, tres alemanes respondieron ¡hier! Hasta que llegó al grupo inglés:

Addley: sin respuesta, sin información, ¡gefallen!; Avener: muerto, ¡gefallen!; Brich: sin respuesta, probablemente muerto, ¡gefallen!; Cox: muerto, ¡gefallen!

Nosotros sabíamos que habían muerto, pero todavía no podíamos creerlo. Era como si estuviésemos asistiendo a la última oportunidad de aquellos hombres de apelar contra una sentencia de muerte que sabíamos irrevocable.

Gillan: herido; Gough: muerto, ¡gefallen!; Jeans: muerto, ¡gefallen!; Messer: sin respuesta, desaparecido, ¡gefallen!”

Como vemos, las calles y encinares de Boadilla del Monte se regaron con la sangre de combatientes nacionales e internacionales. Combatientes en su mayoría anónimos o cuyos nombres permanecen prácticamente olvidados. Jóvenes de diferentes nacionalidades que murieron (algunos muy lejos de sus hogares y familias) defendiendo sus ideales en aquel frío invierno del 36.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1: Esmond Romilly
Fotografía 2: Brigadistas alemanes

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