jueves, 24 de septiembre de 2009

50) Leyendo la prensa


LEYENDO LA PRENSA

El 1 de enero de 1903, Torcuato Luca de Tena fundaba en Madrid el semanario conservador y monárquico ABC, que, el 1 de junio de 1905, se convertiría en diario. Años después, el 12 de octubre de 1929, nacía el ABC de Sevilla, que aun compartiendo doctrina y unidad de empresa con Madrid, tenía cierta autonomía en sus contenidos.

Cuando el 18 de julio de 1936 se produce el alzamiento militar, el ABC de Sevilla queda en zona controlada por los sublevados, mientras que el ABC de Madrid permanece en zona republicana.

El lunes 20 de julio, mientras Queipo de Llano desencadenaba una efectiva represión contra todos los elementos de izquierdas, salía a la las calles de Sevilla una edición extraordinaria del ABC, en cuya portada aparecía un gran VIVA ESPAÑA, y cuyo contenido se mostraba claramente a favor de los alzados. Al mismo tiempo, en Madrid la situación se hizo sumamente confusa. El diario fue suspendido y su sede ocupada por un comité sindical. Sus directivos y equipo de redacción fueron perseguidos, algunos de ellos detenidos y ejecutados (como el subdirector del diario y presidente de la Asociación de la Prensa Española, Don Alfonso Rodríguez Santamaría), la mayoría, se escondieron o se acogieron a la protección de alguna embajada. Finalmente, el ABC de Madrid, con Don Elfidio Alonso como director y un personal totalmente nuevo, reaparece el 25 de julio de 1936 con el mismo título, al que se le añade el subtítulo de “Diario Republicano de Izquierdas”. Ocupando toda su portada, aparecía un gran ¡VIVA LA REPÚBLICA!

Se produce así, el curioso hecho de que dos diarios, con el mismo nombre y la misma fisonomía topográfica, aparezcan en las dos zonas enfrentadas en cruenta guerra civil. Evidentemente, sólo coinciden en título y aspecto, ya que, cada uno de ellos, se convertiría en vocero de ideologías y posturas totalmente contrapuestas. De esta manera, las páginas de ambos ABC, suponen un curioso documento historiográfico a través del cual poder seguir los avatares de España en uno de sus momentos más dramáticos. Ambas ediciones siguieron publicándose a lo largo de todo el conflicto, si bien, la edición republicana, con sede en Madrid, se vio más afectada por los males de la contienda, teniendo que reducir el número de páginas y la calidad de su papel a medida que las escaseces causadas por la guerra se fueron haciendo más agudas.Terminada la guerra civil, el periódico madrileño volvió a ser devuelto a sus antiguos propietarios.

A modo de ejemplo y centrándonos en el tema principal en torno al cual gira este blog, hemos querido reproducir alguna de las noticias que cada uno de los periódicos publicó sobre las jornadas de la batalla de la carretera de La Coruña. Como puede suponerse, las crónicas están cargadas de un fuerte componente ideológico y propagandístico, pero no por ello dejan de tener un gran interés histórico. Comenzamos con un ejemplo de la edición republicana aparecido en Madrid el 26 de diciembre de 1936, cuando la batalla se encuentra en pleno apogeo:

SE HA AMPLIADO EL AVANCE EN EL SECTOR DE BOADILLA SIN APENAS RESISTENCIAS DEL EJÉRCITO INVASOR, QUE AYER PERMANECIÓ INACTIVO

El considerable avance realizado en la tarde del miércoles por las fuerzas republicanas en el sector de Boadilla fue ampliado durante el jueves, sin encontrar resistencia. Indudablemente, el alto mando, por sus observadores y por las declaraciones de los prisioneros, sabrá las causas de esta anómala actividad del Ejército invasor. Desde luego, no hay más que dos términos para optar en la deducción: luchas intestinas entre los diversos componentes al servicio de los facciosos, o quebrantamiento de los núcleos, que precisan una reorganización para reanudar la ofensiva. En uno o en otro caso, muestras de debilidad y tregua forzosa, no premeditada, que los dirigentes de la defensa aprovechan eficazmente, como es lógico.

En el segundo avance, el del jueves, menos profundo que el anterior, nuestros milicianos fueron encontrando cadáveres, armamento y municiones. Se comprueba por las heridas que presentan algunos cadáveres que los disparos fueron hechos a quemarropa, y que el abandono de armamento y parque no está justificado, dada la poca precipitación con que se llevo el repliegue. Las bajas encontradas en este sector pasan con creces del centenar.

Durante la noche del jueves el enemigo hostilizó por la Ciudad Universitaria y Casa de Campo, recibiendo la réplica adecuada. Durante la mañana, nuestras baterías deshicieron las concentraciones facciosas. La artillería enemiga contestó débilmente. En determinado sector, los facciosos se dedicaron al paqueo durante la noche de ayer. Desde nuestras trincheras se les dirigió la palabra, y después, por medio de altavoces, se les transmitieron los discursos y música de radio. El fuego cesó durante largo rato. El enemigo escuchó atentamente.

Por las observaciones hechas a la vista de los cadáveres encontrados en Boadilla del Monte y por las confidencias de los prisioneros, se sabe de un modo cierto que los soldados del Ejército invasor, sobretodo los regulares, pasan hambre. Tal vez sea ésta una de las principales determinantes de las disensiones o rebeliones (…)

Ahora reproducimos un artículo publicado en el ABC de Sevilla el 6 de enero de 1937, cuando la batalla de la carretera de La Coruña ha entrado en su última fase:

TRIUNFOS RECIENTES

Victoria, Victoria, una por cada día en los dos días transcurridos en nuestro nuevo avance. Si brillante fue la jornada del día 3, domingo, resulta superior la de ayer lunes.

En el día 3, por el empuje arrollador de nuestras fuerzas, se tomaron Villafranca del Castillo, el Castillo de Villafranca, Romanillos, el bosque de Romanillos, Casa Roja y Casa Manillas, en un frente de ocho kilómetros de profundidad varia; entre seis, siete y ocho se vio en el frente rojo al enemigo desmoralizado, chaqueteando apenas los Regulares desplegaron sus guerrillas. Huyeron durante todo el día como en sus buenos tiempos, inexplicablemente en algunos puntos, donde tenían formidables defensas y magníficas posiciones estratégicas como el Castillo de Villafranca, donde estaba la Brigada Internacional, que, sin embargo, compitieron en la rapidez de la huida con los milicianos que componían los batallones Fígaro y Leones Rojos, formado el primero por peluqueros y barberos y el segundo por los mozos de bares y tabernas. Unos y otros tiraron hasta el armamento. Dejaron 400 muertos sobre el terreno, lo que hace calcular que sus bajas pasaron de las 1.000. La cantidad de material recogido es imposible de enumerar.

Entre este material figuran tres blindados, tres aviones, y seis morteros rusos. Sólo una columna dejó 100 fusiles en las trincheras, abandonados.

La huida la aprovecharon muchos milicianos para pasarse a nuestras líneas, sumando los que lo hicieron en el bosque de Romanillos, 22. El enemigo no intentó su acostumbrado contraataque por la noche.

En la mañana de ayer continuó la operación. Antes del mediodía, se había tomado Majadahonda y Villanueva del Pardillo en un avance para vadear el río Guadarrama, estando al declinar la tarde, nuestras fuerzas en la carretera de La Coruña, a
la altura de Las Rozas. En este día de ayer, a pesar de haber concentrado aún más fuerzas los rojos, huyeron en masa como en el anterior; sólo que los que huían de Villanueva del Pardillo lo hacían en dirección a Madrid. Únicamente hubo momentos de resistencia al funcionar los carros rusos, que, anocheciendo, estaban ya inmovilizados frente a nuestras líneas, sin duda por no saber que dirección tomarían en su retirada.

Se acusa gran desmoralización en las filas rojas por esta enorme derrota. Nuestras bajas, en los días de combate, han sido escasísimas (…) A la hora de telegrafiar recibo confirmación oficial de haberse completado la gloriosísima jornada con el corte de la carretera de La Coruña, precisamente en la bifurcación de los dos ramales que van a El Escorial y Villalba, quedando ocupados todos los edificios situados en la carretera, entre otros, los conocidos restaurantes Bar Anita, Casa Mahou, parador que todo buen madrileño recuerda seguramente por ser de los preferidos en los últimos tiempos, para solaz de la gente de buen humor.

No creo preciso subrayar la importancia estratégica de nuestra victoria. El éxito de la jornada de ayer débese sin duda alguna a la magnífica preparación de las operaciones y a su ejecución maravillosa, en constante contacto todas las columnas operando (…)

¡Viva España! ¡Viva el Ejército! ¡Viva Franco!

Estos, son sólo dos ejemplos. Si alguien tiene interés en seguir curioseando en los ABC de la época puede visitar la página “Hemeroteca de ABC”. El enlace es:

http://hemeroteca.abc.es/

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Miliciano leyendo el ABC en el frente (ABC).

martes, 22 de septiembre de 2009

49) Munición del fusil Lebel, cal. 8x50 R



MUNICIÓN DEL FUSIL LEBEL, CAL. 8X50 R

El fusil francés Lebel Mod. 1886/1893 fue el primero en utilizar pólvora sin humo y un calibre pequeño. Recibe su nombre en recuerdo de Nicolás Lebel, miembro de la comisión encargada de sustituir los viejos fusiles de pólvora negra utilizados por el Ejército Francés hasta el último cuarto del siglo XIX.

El nuevo fusil dejó anticuados al resto de modelos existentes en su época, y supuso el pistoletazo de salida para que otros muchos países intentaran diseñar un modelo de características similares (pólvora sin humo, calibre pequeño, mayor velocidad, aumento en la capacidad de fuego, trayectorias más tensas…).

El Lebel, con cargador para ocho cartuchos (un buen tirador podía realizar unos dieciséis disparos por minuto) y un alcance máximo de 2.000 metros, fue el fusil oficial del Ejército Francés hasta 1936, siendo utilizado en las colonias francesas de ultramar, en la “Rebelión de los Boxers” en China y, por supuesto, en la Primera Guerra Mundial.

Aunque en sus orígenes este fusil había supuesto una auténtica revolución tecnológica, poco a poco, otros ejércitos europeos fueron diseñando modelos más avanzados. De esta manera, el Lebel fue manifestando una serie de problemas (una excesiva longitud, un aprovisionamiento complicado, riesgo de encasquillarse, mantenimiento delicado, cartuchos poco compatibles con armas automáticas…) que, a la larga, supondrían que fuera desplazado por otras armas (por ejemplo el Berthier).

A partir de 1929, el Ejército Francés comenzó a sustituir el cartucho Lebel 8x50 R por el 7.5mm Modelo 1929C o 7.5x54, que sería utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de la década de los años 30, el Gobierno Francés vendió grandes cantidades de los fusiles Lebel que su ejército iba desechando. La guerra civil española supuso un buen mercado para deshacerse de excedentes y material sobrante de todo tipo.

El cartucho del Lebel tiene una forma un tanto arcaica, muy cónico y con una gran pestaña en el culote. Sus proyectiles, que alcanzaban una velocidad de 725 metros por segundo, son fáciles de identificar, ya que: se suelen conservar en muy buen estado, son de gran tamaño, con la parte trasera en forma decreciente y, sobretodo, las balas suelen tener marcaje en su base (además del que se encuentra en el culote de las vainas).

Los restos de este tipo de munición no son los más habituales en el noroeste de Madrid (al menos si lo comparamos con los muy abundantes de Mauser y Mosin Nagant), pero de vez en cuando aparecen al pasear por las trincheras y posiciones de uno y otro ejército.

Un conflicto bélico absorbe munición y armamento de todo tipo y origen. La guerra civil española no fue una excepción y por ello, aun hoy, podemos toparnos con balas francesas, alemanas, italianas, soviéticas, checas, polacas, griegas, inglesas… y, por supuesto, españolas.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Restos de munición Lebel encontrada en el noroeste de Madrid (JMCM)

viernes, 11 de septiembre de 2009

48) Posición Rubio





POSICIÓN RUBIO

Finalizados los combates de enero de 1937 ambos ejércitos comenzaron a fortificar su territorio en la zona noroeste de Madrid. Pero una cosa es la ocupación teórica de un territorio y otra muy distinta conseguir un eficaz control del mismo. La línea de frente que poco a poco se fue desarrollando fue el resultado de un largo proceso de trabajos, golpes de mano y acciones locales desarrolladas a lo largo de toda la guerra. En líneas generales, se tardo bastante en establecer un frente sólido y bien fortificado. Incluso, en algunas zonas y durante cierto tiempo, costó bastante el poder definirlo claramente.

El sector de Las Rozas fue uno de los de mayor contacto con el enemigo. Las tropas franquistas habían ocupado el pueblo y su estación el 4 de enero de 1937, sin que los esfuerzos republicanos por recuperar el terreno perdido hubieran tenido éxito. Desde el caserío de Las Rozas, el frente discurría hacia el Oeste, con la carretera de El Escorial como divisoria aproximada del mismo, hasta el Vértice Cumbre, una de las posiciones más importantes del dispositivo franquista. Desde aquí, la primera línea de fuego discurría en paralelo a la carretera de Villanueva del Pardillo (actual M-851), donde se fueron construyendo importantes centros de resistencia hasta las posiciones de Cabeza Negra, ya en Majadahonda. Por su parte, los republicanos tenían el Arroyo de la Puentecilla como eje principal de su línea de resistencia hasta la carretera de El Escorial, frente a la cual fueron estableciendo sus defensas en dirección a Las Rozas, rodeando el pueblo hasta enlazar con las posiciones del Pardo.

La zona comprendida entre el Vértice Cumbre y el pueblo de Las Rozas fue una de las más calientes a lo largo de la guerra. La carretera de El Escorial (más o menos desde su kilómetro 1 al kilómetro 3) se convirtió en una tierra de nadie que dividía a ambos ejércitos. Las pocas alturas que podían dominar el terreno fueron objeto de una constante lucha por lograr su control, lo que supuso abundantes golpes de mano y acciones de combate de cierta envergadura. La gran proximidad a la que se encontraban los contrincantes (apenas unas decenas de metros en algunos puntos) facilitó una constante actividad de minas y contraminas. Toda la zona fue objeto de un constante forcejeo, en el que la sangre corría por dominar un pequeño puñado de tierra.

Uno de los puntos más disputados fue la loma que en los mapas recibe el nombre de Cerro Alto y que en los documentos militares de la época aparece como Cota 720. Ubicada en torno al kilómetro 2,500 de la carretera de El Escorial, suponía un punto de gran importancia estratégica, pero su control eficaz resultaba realmente complicado para uno y otro ejército. Es por ello que esta zona será objeto de reiterados ataques y contraataques, un pulso intenso que supondrá una constante ganancia y pérdida de pequeños palmos de terreno.

A finales del verano de 1938 este sector del frente estaba protegido por la 20 División del Primer Cuerpo del Ejército Nacional del Centro, constituyendo el Centro de Resistencia “D”. Las posiciones republicanas en Cerro Alto y en el Barranco de Mataborricos suponían un verdadero problema para los franquistas, un punto débil entre el Vértice Cumbre y la denominada Loma de Caballería (en las ondulaciones que dominaban el acceso al caserío de Las Rozas, totalmente urbanizadas hoy en día). Para intentar resolver esta situación de una forma definitiva, el Mando Nacional planificó una acción de combate encaminada a ocupar la Cota 720 y establecer en ella una posición fuerte frente al enemigo.

De esta manera, en la noche del 31 de agosto de 1938, una Sección Ofensiva y dos Secciones de Zapadores del Ejército Nacional entran en acción y consiguen ocupar puestos avanzados en Cerro Alto, procediendo a su inmediata fortificación. La reacción republicana no se hace esperar y en la noche del 1 al 2 de septiembre comienzan los ataques para intentar desalojar a los franquistas de sus nuevas posiciones. La Orden de Operaciones de la 111 Brigada Mixta fechada el 1 de septiembre de 1938 ordena la misión de “Desalojar al enemigo de las posiciones que ocupó en la noche anterior”. Para ello dispone:

“A las 17 horas 30 minutos la Agrupación de Morteros de la Brigada, emplazada en las inmediaciones del Canal Viejo del Guadarrama al final del Arroyo de Mataborricos, efectuará corrección de tiro y fuego de hostigamiento sobre las posiciones enemigas anteriormente citadas. El resto de la Agrupación más tres piezas del 81 agregadas de la 44 Brigada y emplazadas en las inmediaciones de Casa Curia harán fuego sobre las posiciones mencionadas y Casa de Peones Camineros de Las Rozas respectivamente.

Con el apoyo de estos fuegos y el que a continuación marcaré para las ametralladoras y el apoyo de la artillería Divisionari,a a las 20 horas 30 minutos la Sección de Especialidades de la Brigada junto a una compañía del 444 Batallón atacarán la posición enemiga, partiendo media Sección de Especialidades y una compañía del 444, de la base de partida en el Arroyo de Mataborricos hacia el Sur, cruzando la carretera un pelotón por el puente del kilómetro 2,350 de la Carretera de El Escorial; el resto de la Sección y la media de Especialidades se dirigirán al ataque por encima de la carretera a dicha posición. El movimiento del pelotón del ala izquierda será envolvente.

La 2ª Sección de la compañía iniciará el ataque partiendo desde la base por el kilómetro 3,200 de dicha carretera en dirección NO-SE, procurando bordear la posición enemiga por el flanco Sur para enlazar con las fuerzas que atacan por el flanco izquierdo. La 3ª Sección ocupará la trinchera en construcción desde las líneas propias a la posición enemiga y los fortines empezados a construir a inmediaciones de la carretera. Esta será la Sección de reserva de la Compañía. El esfuerzo principal corresponderá a las fuerzas atacantes del flanco izquierdo”.


Aquella noche fue movidita. Los republicanos, tras una intensa preparación artillera, atacan con decisión, pero las tropas franquistas se defienden con energía y aunque están a punto de perder la posición en diferentes momentos, la llegada de refuerzos logra neutralizar el ataque enemigo. En el Parte de los Combates de la 20 División Nacional se informa:

“En la noche del 1 al 2 de septiembre fue atacada la posición por el enemigo que intentó siete veces el asalto, siendo en todas rechazado. Antes del segundo ataque, había sido reforzada la guarnición con otra Sección Ofensiva y al amanecer, coincidiendo con el último asalto, con una tercera. Estos ataques impidieron el trabajo de los zapadores que, no obstante, construyeron 130 m de camino cubierto de acceso a la posición”.

Por su parte, en el Parte de Operaciones de la 111 Brigada Mixta podemos leer:

“A las 20:30 horas se inició un golpe de mano con objeto de desalojar al enemigo de las posiciones que ocupó en la noche anterior. Dicha maniobra se llevó a cabo previa preparación de mortero, efectuando el ataque fuerzas de la 4ª Compañía del 444 Batallón y el Grupo de Especialidades de la Brigada, llegando estas hasta la alambrada enemiga, pero debido al intenso fuego de fusilería y granadas de mano, apoyados por el de enfiladas desde los otros fortines enemigos, se vio obligada a replegarse. Reorganizada nuevamente intentó dos veces ocupar la posición, consiguiéndolo únicamente en parte (…) Ante nuestro ataque, el enemigo recibió refuerzos en cantidad superior a dos Compañías realizando cinco contraataques que fueron totalmente rechazados, causándole regular número de bajas y dejando abandonados en el campo cuatro cadáveres. Las bajas enemigas pasan del medio centenar”.

Los combates continuaron durante la noche del 2 al 3 de septiembre, pero los franquistas no pudieron ser desalojados. Las bajas (muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos) fueron numerosas en uno y otro bando, quedando varios muertos enganchados a las alambradas de espino y esparcidos por el terreno, que tardaron en poder ser retirados. Entre los republicanos, el Batallón 444 de la 111 Brigada Mixta, al corresponderle el esfuerzo principal, fue el que más daño sufrió. Los nacionales tuvieron importantes bajas en todos los Batallones que participaron en la acción (Batallones 10º de Pavía, 3º de Lepanto y 4º de Toledo). Quizás, la pérdida más significativa fue la del Alférez del 4º Batallón de Toledo, Don Juan Galán Rubio, muerto por bala enemiga y que mereció la calificación de “Distinguido” por su actuación en el combate. Precisamente, en recuerdo de Juan Galán Rubio, la nueva posición recibió el nombre de “Posición Rubio”.

Aunque los ataques republicanos de los días 1, 2 y 3 de septiembre no tuvieron éxito y los zapadores franquistas procedieron a un intenso trabajo de fortificación, la Posición Rubio fue constantemente hostigada, haciéndose muy delicada y peligrosa la situación de las tropas que en ella se encontraban. El hostigamiento de fusiles y armas automáticas, el fuego artillero y de morteros y diferentes golpes de mano, en los que se recurrió al uso de galerías subterráneas (minas) para volar la posición, crearon una situación insostenible para los defensores de la Posición Rubio. Tal fue así, que para octubre de 1938, el Mando Nacional ordena la destrucción de las fortificaciones construidas y el repliegue de la Posición Rubio 200 metros a retaguardia, en un punto más defendible.

En esta nueva ubicación se procede a un intenso trabajo de fortificación, construyéndose refugio subterráneo, trincheras y dos nidos de hormigón para arma automática, cuyos restos aun pueden verse. Estos trabajos fueron realizados por la 22 Compañía del Batallón de Zapadores nº 8, que dejaron su “firma” en sendas placas situadas sobre los accesos a los dos fortines.

He visitado lo que queda de la Posición Rubio con frecuencia. Cerro Alto y la Cota 720 han sufrido una radical transformación. Junto al descontrolado y habitual vertido de escombros y otros residuos, toda la zona ha sido profundamente modificada. La ampliación de la carretera de El Escorial y la construcción del Polígono Industrial de Las Rozas supuso la destrucción parcial de Cerro Alto. Pero ha sido la construcción de la M-50, sus salidas y accesos, lo que ha supuesto los deslomes más importantes. El cerro ha sido cortado “a cuchillo” en diferentes puntos y atravesado por carreteras, lo que hace muy difícil hacerse una idea de cómo era el lugar en los años treinta del siglo pasado. Como indicaba antes, quedan los fortines que, aunque inundados de arena y basuras, constituyen un buen recuerdo de aquellos días de guerra. Todo ha cambiado mucho, pero conociendo un poco de lo que se vivió aquí, resulta inevitable imaginar y evocar a sus protagonistas. Muchos de ellos anónimos y desconocidos, olvidados para siempre en los pliegues del pasado. De otros, como el Alférez que dio nombre a esta posición, nos han llegado algunas referencias.

Estremece el pensar que sobre este mismo suelo que hoy piso, se sucedieron brutales combates a vida o muerte.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1: Uno de los fortines que aun se conservan en la Posición Rubio (JMCM)
Fotografía 2: Una de las placas alusivas a la compañía de zapadores (JMCM)
Fotografía 3: Algunos de los restos encontrados al pasear por la Posición Rubio (JMCM)

Documentación procedente del AGMA

lunes, 7 de septiembre de 2009

47) Viejas canciones de guerra y revolución



VIEJAS CANCIONES DE GUERRA Y REVOLUCIÓN

En este enlace pueden escucharse algunas de las canciones e himnos más significativos cantados por los combatientes de uno y otro bando:

Fotografía: Soldados republicanos escuchando el gramófono en el frente de Madrid (Archivo Rojo. AHN).

viernes, 4 de septiembre de 2009

46) A pedradas


A PEDRADAS

En diferentes ocasiones, hemos reproducido memorias y recuerdos de algunas de las personas que vivieron la guerra civil en el noroeste de Madrid. Hoy presentamos el testimonio de don Agustín Sifre Carbonell que, en enero de 1937, era capitán de una de las compañías de regulares que integraban la Columna Asensio. Muchos años después, convertido ya en general, Agustín Sifre recuerda una acción de combate que le hizo merecedor de una Medalla Militar Individual. Los hechos se producen en la última fase de la batalla de la carretera de La Coruña, cuando las columnas franquistas centran sus esfuerzos en conseguir ocupar Pozuelo, Aravaca y la Cuesta de las Perdices.

“Aquel día de enero del treinta y siete, el Tabor del que yo formaba parte tenía que ocupar Pozuelo de Alarcón, Aravaca y la Cuesta de las Perdices. Yo era capitán de una de las compañías. La misión que tenía el Tabor era de una extraordinaria importancia. Teníamos que ocupar una trinchera en poder del enemigo, por cuyo requisito no se podía comenzar la operación. Para ello había que recorrer un llano de ciento cincuenta metros. Una compañía tenía que ser destinada al sacrificio, porque en esa distancia no había preparación artillera ni tampoco existía protección de las armas automáticas propias.

Se podía atacar simplemente a la carrera y con el empleo de granadas de mano y las armas de fuego. Teníamos que llegar apoyándonos en el prestigio de nuestras fuerzas, ya que los marroquíes infundían pavor a las fuerzas republicanas. Al frente teníamos las trincheras en las que había gran cantidad de soldados. Sus cascos relucían a la luz del sol, formando como una línea continúa.

El coronel Asensio llevaba muy a rajatabla el turno de las unidades de vanguardia, porque siempre eran los que tenían mayor peligro. En esta ocasión dijo que, como la unidad de vanguardia tendría una misión de peligro gravísimo, prefería sortear entre todos. A mí la lotería no me toca, pero estas cosas, sí. Mi compañía tuvo el alto honor de sacrificarse por el resto de la unidad.

Recuerdo que estábamos en un bosque llamado de Ramales de Pozuelo. La base de partida estaba en las afueras del bosque. En el momento de salir, y sin previo acuerdo, me encontré con el jefe y los oficiales del Tabor. Se encontraban allí para despedir a los oficiales de mi unidad, como si no fueran ya a volver a verlos. Monté en cólera y les dije que eso no se podía hacer, porque atacaba la moral de todos. Que si había llegado el momento de morir, se moría. Se dieron cuenta, nos abrazamos y nada más.

La operación la empezamos colocándonos los fusiles a la espalda y llevando granadas de mano todos los oficiales, suboficiales y soldados. Había que ver si con estas armas podíamos llegar a las trincheras enemigas. Nada más saltar de nuestros puestos, un arma automática barrió con varios disparos el vientre de uno de mis oficiales. Una pitada mía y detrás de mí empezaron a correr hacia las trincheras enemigas. De frente se nos hacía poco fuego, pero el que nos hizo muchísimas bajas fue un tanque situado lateralmente. Es el peor fuego que puede recibir una unidad.

Habíamos dejado aquella franja de terreno salpicada muertos y heridos. Se pudo llegar a nuestros objetivos. Era el momento de lanzar las granadas de mano. Empezamos a lanzarlas y se dio el caso de que ninguna de ellas hizo explosión. Ya que era tan poco efectivo lanzar las bombas, arrojamos piedras sobre el enemigo. El efecto era el mismo. Por este acto gané la Medalla Militar.

¿Por qué no estallaron las granadas de mano? Se pensó en actos de sabotaje. Se pensó que habrían sido fabricadas en algún sitio de la España republicana. Se hicieron investigaciones y no fue así. Se supo que aquellas granadas de mano habían sido hechas en Córdoba. Era la granada Laffite, que para hacer explosión necesita que se desenrolle su cinta, lanzándola a una altura conveniente. Por falta de conocimientos, los técnicos pintaron el cuerpo de las mismas y las cintas se encontraban pegadas, por lo que no llegaban a desenrollarse del todo. Por lo demás, los soldados enemigos que allí se encontraban, al ver la llegada de los moros, levantaron las armas y ocupamos sus trincheras. Esto permitió que se ocupara Pozuelo.”


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Tropas regulares