miércoles, 30 de junio de 2010

87) Cuesta de las Perdices


CUESTA DE LAS PERDICES

Resulta difícil imaginar el aspecto que debió de tener la Cuesta de las Perdices durante los años que duró la guerra. El mismo lugar por el que hoy circulan miles de vehículos, se convirtió entonces en un terrible campo de batalla a las puertas de Madrid. Aquí se consiguió frenar la ofensiva nacional en enero de 1937, y aquí también, se desarrollaría una penosa y larga guerra de trincheras que duraría hasta el final del conflicto, en abril de 1939.

La Cuesta de las Perdices fue uno de los lugares del frente madrileño donde la tierra de nadie era más estrecha. Tan estrecha, que apenas ocupaba el ancho de la carretera. Las pocas construcciones existentes en la zona fueron fortificadas, y por su control se desarrollaron cruentos combates que con frecuencia provocaban que éstas cambiasen de manos una y otra vez, hasta quedar reducidas a montones de escombros.

El pulso fue intenso y constante. Cada ejército se enquistó en sus posiciones y la sangre corrió copiosamente por el dominio de pequeños palmos de terreno. La destrucción y la ruina lo inundaron todo, transformando un paisaje que se llenó de trincheras, sacos terreros, galerías subterráneas, alambradas de espino, cráteres de explosiones y escombros.

Durante tres años, la guerra se adueñó del lugar, y la Cuesta de las Perdices se convirtió en uno de los puntos más brutales y terribles del frente madrileño.

No es la primera vez que en este blog se trata el tema (ver sobretodo los apartados dedicados a Casa Camorra). Hoy queremos aportar algunas referencias más sobre las posiciones existentes en este sector. Para ello, nos centramos en un informe realizado por las tropas de Franco a finales de julio de 1937. En aquel momento, la Cuesta de las Perdices estaba guarnecida por soldados de la 5ª Bandera de la Legión, que aguantaban una situación extremadamente delicada frente a un enemigo que se mostraba igual de obstinado que ellos en mantenerse en sus posiciones.

Unas decenas de metros separaba a cada ejército, y aunque la guerra duraba ya varios meses, las posiciones de unos y otros sufrían todavía numerosas carencias y estaban en pleno proceso de organización. Los golpes de mano, la acción de los francotiradores, las explosiones de minas y contraminas, el fuego de morteros y las pequeñas acciones de combate se sucedían un día sí y otro también. Las bajas se multiplicaban a diario, la muerte rondaba los parapetos y los combatientes permanecían en constante alerta, a la espera de los continuos ataques y contraataques.

Como señalaba más arriba, en julio de 1937, los legionarios de la 5ª Bandera dominaban el terreno comprendido entre las alturas de Camarines y la carretera de La Coruña. Aprovechando las diferentes construcciones existentes en la zona, estas tropas habían dividido su posición en tres sectores, denominados P. A. (¿Punto de Apoyo?), pero encontraban numerosas dificultades para poder establecer un correcto plan defensivo. Además, los republicanos, bien parapetados en sus posiciones, ejercían una constante presión sobre los legionarios. En el informe del que estamos hablando, podemos leer:

“Durante el presente mes el enemigo no ha efectuado los relevos semanales que llevaba a cabo antes y hemos tenido permanentemente frente a nosotros los Batallones FERRER, PI Y MARGALL Y PASIONARIA (de izquierda a derecha).

(…) La Infantería atacó dos veces, uno de los ataques fue nocturno y el otro, que revistió más intensidad, fue a las cinco de la tarde y fue llevado a cabo por dos Compañías del Batallón PASIONARIA sobre nuestra avanzadilla, llegando a las inmediaciones de ésta, haciéndosele doce o catorce bajas vistas. Para distraer el resto de nuestra Unidad, llevaron a cabo un tiroteo sobre toda la línea que duró tres horas.”

Respecto a la acción de la artillería republicana, se informa de tiros de prohibición realizados contra el cruce de carreteras (de La Coruña, de Castilla y de Aravaca) y fuego de contrabatería sobre Pozuelo y Aravaca. La extremada cercanía del enemigo, hacía que la artillería no pudiera abrir fuego contra la posición, pues, inevitablemente, los daños y destrozos afectarían a sus propias fuerzas, a menos que éstas se retirasen de la primera línea.

También se informa sobre la actividad de la aviación republicana:

“La aviación, que en los primeros días hizo demostraciones que eran un verdadero alarde de fuerza, hasta el punto de bajar a ametrallar a nuestras trincheras, fue disminuyendo, y a los tres días, en que se colocaron antiaéreos en Pozuelo y Aravaca, ya volaba más alta y, sobretodo al regreso, se notaba descomposición.

Se vieron caer tres aparatos, uno en la Playa, otro al parecer en Húmera y el tercero, que explotó en el aire y cayeron restos y aviadores en la carretera de Aravaca a Carabanchel, y entre aquella y la Estación de Pozuelo.”

Se notifica que, para evitar riesgos, las cocinas de la tropa se han trasladado a la carretera de Castilla, ocultas a la vista del enemigo en abrigos construidos para tal fin y comunicados con las respectivas Unidades a través de caminos cubiertos. También se señalan las normativas dadas respecto al puesto de socorro de la posición, y de la higiene que debe mantener la tropa para evitar bajas por enfermedad y parásitos.

Pero sin duda, lo que más preocupa en este informe a las tropas de Franco es poder establecer un correcto plan defensivo y de fortificación:

“La situación del emplazamiento de la Bandera no ha podido sufrir variaciones a pesar de que la disposición de las Compañías debiera ser otra en realidad, o sea, formando un triangulo acutángulo; con el fin de que atacase el enemigo por donde atacara, siempre quedaría una Compañía en reserva; pero se conoce que al llevarse a cabo la ocupación de este sector, una de las Unidades naturalmente se arrimó a las tapias de la Casa de Campo y empezó a fortificarse tras de aquella, lo que trajo como consecuencia inmediata el que el P. A. 3 (ver croquis) quedase en la actual situación, debiendo haberlo estado más cerca de este Puesto de Mando, volando previamente la tapia, pero como no se hizo esto en un principio, en la actualidad no se puede llevar a cabo, ya que la trinchera que hoy existe en la tapia, sería un preciosos apoyo para la actuación del enemigo, lo que hace que nos tengamos que adaptar a aquella plantilla y trae como consecuencia estar sin reservas de Bandera.

Tampoco había línea de sostenes, que en la actualidad se están llevando a cabo con el fin de que los P. A. los tengan, lo que dará como resultado inmediato el poder sacar de la línea de resistencia la mayor parte de las maquinas, así como los lanzallamas pesados, con el fin de que aquellas puedan llevar a cabo misiones de tiro lejano en la secundaria, y éstos, no sólo batir las trincheras enemigas caso de asalto, sino efectuar fuego dentro de la posición, con lo que aumenta su efectividad.

Las obras no se han podido terminar por carecer de sacos terreros para construir los nidos de ametralladoras y cubrecabezas para la segunda línea de trincheras, pero se ofició solicitándolos para llevar a cabo dichas obras y cumplimentar de esta forma el escalonamiento en profundidad que preconiza nuestro reglamento táctico y nos ordenó el Generalísimo en Órdenes fecha 7 y 27 de julio.

En la avanzadilla se han llevado a cabo obras que han dado como resultado visualidad a aquella, ya que tal como estaba podía llegar el enemigo al asalto sin ser visto por la guarnición, y esto es lo que ocurrió el día 10 de julio por la tarde, y que costó 33 bajas al rechazarlo.

Las obras de referencia consisten en galerías que salen a la superficie en los puntos muertos de la avanzadilla y que de aquí en adelante evitarán la sorpresa. Claro está que mientras Ingenieros no apuntalen debidamente las galerías, éstas no ofrecerán la seguridad apetecida.

También se batió un molino, referencia preciosa para la Artillería, y en sus proximidades se instalará un puesto de ametralladoras que batirá la carretera de El Escorial en tiro lejano.

Estas son, groso modo, las obras llevadas a cabo en la fortificación y con ellas se trata de conseguir que sin variar la disposición de los P. A. tengan en breve líneas de sostenes todas las Unidades, es decir, cada Unidad está en disposición de triangulo con la base hacia adelante y, caso de ser roto el frente en cualquier lado, actúan como una red, ya que cerraría tras de ellos la línea y encontrarían siempre delante a una Unidad bien organizada.”

En aquel momento, la posición franquista de la Cuesta de las Perdices, entre otro armamento, contaba con 16 ametralladoras, 4 lanzallamas (dos pesados y dos ligeros), varios emplazamientos de mortero y diversos fusiles ametralladores. Esto proporciona una idea de la importancia que tenía este punto del frente. Si además, sumamos el apoyo de fuego que la Cuesta de las Perdices recibía desde las posiciones del Cerro del Águila y del Barranco del Arroyo Pozuelo, podemos suponer que, como señala este informe, “la barrera debe ser suficiente para evitar la sorpresa y desarticular un ataque enemigo.”

Las comunicaciones entre los diferentes P. A, y entre éstos y el Puesto de Mando, se mantenían aseguradas a través de caminos cubiertos y numerosas trincheras. También se disponía de una red telefónica de dos líneas de cable para comunicar con el Mando y la retaguardia, así como con los reglamentarios enlaces.

Pero todo esto, no era más que el principio. Durante toda la guerra, los trabajos de fortificación continuaron sin interrupción. Por la Cuesta de las Perdices fueron pasando diferentes unidades que debieron de aguantar las difíciles y peligrosas condiciones de vida de aquellas posiciones. Los combates se sucedieron de manera ininterrumpida, pero la situación general apenas varió. En las múltiples acciones desarrolladas, algunos puntos del sector cambiaban de manos, pero pronto eran recuperados o se arrebataba al enemigo otros nuevos, dando lugar a una desesperante guerra de desgaste.

Existen bastantes fotografías de la Cuesta de las Perdices durante la guerra civil (algunas de ellas han sido ya publicadas en este blog). Todas ellas muestran unos paisajes lúgubres, tristes, solitarios y fantasmagóricos. El blanco y negro de las imágenes acentúa estas sensaciones. Las huellas de la guerra son visibles por todas partes: ruinas, destrucciones, impactos de bala y metralla… Parece como si no hubiera nadie. Sin embargo, quienes realizaron esas fotografías se la estaban jugando, porque aunque no lo parezca, en esos mismos lugares, cientos de combatientes permanecían acechantes y en guardia, ocultos de los francotiradores y de las balas perdidas, protegidos entre las ruinas y los escombros, hormigueando entre trincheras y refugios subterráneos.

Tétricas imágenes que muestran unos tiempos de devastación y guerra.

JAVIER M.CALVO MARTÍNEZ

Fotografías 1 y 2: La Cuesta de las Perdices durante la guerra.
Fotografía 3: Croquis realizado por la 5ª Bandera de la Legión en julio de 1937 con el plan de fuegos de la posición de la Cuesta de las Perdices (AGMA)

Documentaciónprocedente del AGMA.

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