viernes, 29 de enero de 2010

68) Casa Camorra (2ª parte)


CASA CAMORRA (2ª PARTE)

En una entrada anterior de este blog, publicada el 14 de octubre de 2009, con el título “CASA CAMORRA”, presentábamos un importante golpe de mano llevado a cabo por tropas de la 20 División Nacional en la Cuesta de las Perdices.

En esta acción, desarrollada el 27 de agosto de 1938, los nacionales consiguieron arrebatar a los republicanos una serie de edificios frente al restaurante “Casa Camorra”. Los contraataques se sucedieron durante varios días, pero a pesar de lograr algunos éxitos parciales, los republicanos no conseguirían recuperar las posiciones perdidas.

Ya hemos señalado en diferentes momentos lo extremadamente duro y confuso que resultaba el frente en el sector de la Cuesta de las Perdices. En los combates de enero de 1937, el avance franquista había sido definitivamente frenado en este punto, en parte por la férrea resistencia republicana, en parte por el agotamiento físico y material de las columnas asaltantes.

Aparentemente, los franquistas dominaban el sector, contando para ello con el apoyo de los fuegos del Cerro del Águila y del Garabitas, pero la realidad era más compleja. En la zona existían abundantes edificaciones de las que no habían podido ser desalojados los republicanos. Esto provocaba una situación confusa e inestable. Los edificios de un lado de la carretera de La Coruña eran controlados por los unos, mientras que enfrente, a muy escasos metros, se situaban los otros.

Aquí, la tierra de nadie era una mera referencia que día a día oscilaba y se modificaba en función de pequeños golpes de mano, guerra de minas, y acciones de descubierta. Los informes del Ejército Nacional fechados en los primeros meses de 1937 lo señalan de manera reiterativa y hablan de “una línea mala y artificiosa”:

“Punto débil del sector es la Cuesta de las Perdices, con una intrincada maraña de chalets y edificaciones imposibles todas de ocupar por falta de fuerzas, e imposible de ocupar en la actualidad porque establecida la línea en el lugar en donde actualmente se encuentra, que es el mismo donde terminó la operación, hay que aceptarla con todos los inconvenientes, que no son pocos (…)

Además, las diferentes edificaciones que se extienden en esa bolsa hasta la carretera de La Coruña están tomadas por el enemigo y enlazadas por trincheras y ramales que facilitan no solo la comunicación sino la situación en ellas de fuerzas con fácil desembocadura en los ataques.”

Junto a estas observaciones, los informes señalaban el grave problema que supondría una ruptura del frente en este punto por parte del enemigo:

“La rotura de la línea por este punto, facilitaría el acceso a la retaguardia de nuestra División y a la Casa de Campo por un camino natural y fácil, cual es, el Arroyo Pozuelo”.

Estas circustancias no pasarán desapercibidas al Alto Mando republicano. Por ello, será precisamente este sector el elegido, en abril de 1937, para desencadenar una poderosa ofensiva que algunos han denominado “Operación Garabitas”. Una ofensiva de la que hablaremos en este blog, pero de la que ya adelantamos que terminó en un rotundo y sangriento fracaso del bisoño Ejército Popular de la República.

Como vemos, la Cuesta de las Perdices fue un punto especialmente convulso y agitado a lo largo de toda la guerra. Pero volvamos al golpe de mano del que hablábamos al principio, el desarrollado por tropas nacionales el 27 de agosto de 1938.

La perdida de estas posiciones no dejó indiferentes a los mandos republicanos del sector. Por el contrario, como ya hemos señalado, consideraron una necesidad de primer orden recuperarlas y para ello desencadenaron diferentes contraataques que a punto estuvieron de lograr su objetivo, pero que finalmente terminaron en fracaso.

Pocos días después, una “Instrucción Reservada” es enviada a los diferentes Jefes de Batallón que cubren este sector del frente. Aunque hay algunos datos que no coinciden con los del informe de las tropas nacionales que protagonizaron el golpe de mano del que estamos hablando, en esta "Instrucción Reservada" se hace alusión a un ataque enemigo el mismo día y en el mismo lugar, por lo que pienso que puede referirse al mismo episodio. En este documento, no sin cierto tono duro por parte del Mando republicano, podemos leer:

“ (…) Hago una exposición de opiniones particulares mías y recomiendo sean tenidas en cuenta en evitación de acontecimientos que demostrarían ineficacia de las precauciones que se toman, y transmito a Vds. Jefes de Batallones, para que no tenga éxito cualquier intento del enemigo para hacernos prisioneros o quitarnos un metro de trinchera.

El enemigo inició su táctica de golpe de mano a posiciones propias en el Sector del Centro, empezando por Carabanchel, y se sucedieron dichos intentos corriéndose hacia el ala derecha. El último, en la noche del 27 de agosto, fue sobre nuestras posiciones de la Cuesta de las Perdices, arrebatándonos la Casa de Cuba y la Casa Amarilla.

El hecho de haberlas perdido demuestra ciertos errores que no deben ocurrir en las fuerzas a mi Mando. El golpe de mano enemigo fue precedido de preparación artillera y de mortero de diez minutos de duración, ocupando seguidamente las referidas posiciones con una sección. Al cabo de cuatro horas se realizó el contraataque propio que logró desalojar al enemigo, el cual se rehizo y de nuevo ocupó Casa de Cuba y Casa Amarilla.

Hubo los errores siguientes: Primero- El contraataque propio fue realizado por una sección, al mando de un teniente, previa preparación artillera y de mortero. El error consistió en que el oficial se excedió en el cumplimiento de la orden, puesto que ocupó la posición perdida y con toda su sección se lanzó a la persecución hasta tomar una posición enemiga, no cumpliendo la orden. Debió desalojar al enemigo de las posiciones que nos arrebató y organizar su defensa; en todo caso, la persecución debió hacerla con la mitad de sus efectivos cuanto más, o sea, un pelotón, y al otro pelotón haberle dado la misión de organizarse y defenderse. Segundo- El contraataque propio se hizo cuatro horas después y sin que se comunicara con prontitud y exactitud al Mando Superior los hechos y situación. Tercero- No se hizo un empleo debido de las reservas.”

La “Instrucción Reservada” continúa señalando cual debía haber sido la correcta actuación de las tropas implicadas, recalcando claramente como tenía que haberse comportado el oficial al mando. Para ello, hace una alusión directa a ciertos artículos del “Reglamento Táctico de Infantería” y ordena:

“La presente instrucción será leída y comentada entre los Jefes de Compañías y sus Jefes de Sección cuantas veces sea necesario para llegar a un perfecto acuerdo. Se determinarán los lugares de posible infiltración enemiga, medidas a tomar en caso de un golpe de mano enemigo, fuerzas que han de realizar el contraataque, lugar de concentración de estas fuerzas en un plazo máximo de quince minutos, itinerario a seguir para recuperar cualquier posición perdida y posible persecución siempre que nuestras fuerzas nos lo permitan.”

Y termina señalando que: “el incumplimiento de una orden por un teniente de sección, por una parte, y el no atender a las prescripciones reglamentarias por otra, han motivado, en este caso concreto, el no haber podido recuperar definitivamente las posiciones perdidas.”

Advirtiendo que no se consentirán posibles errores o insubordinaciones futuras.

Como vemos, muy avanzado 1938, el Ejército Popular de la República, seguía arrastrando importantes deficiencias: descoordinación, improvisación, incumplimiento de órdenes superiores… Muchas veces, el arrojo y espíritu de sacrificio de sus soldados se veían neutralizados por una incorrecta puesta en práctica de los fundamentos básicos de la táctica y la estrategia.

Con todo, y como no podía ser de otra manera, los republicanos no renunciaron a recuperar las posiciones perdidas. Cada palmo de terreno se peleaba hasta sus últimas consecuencias, y así, en el “ABC” de Madrid, publicado el 4 de septiembre de 1938 podemos leer:

“UNA FELIZ OPERACIÓN EN LA CUESTA DE LAS PERDICES”

“(…) en las operaciones que se llevan a cabo en la Cuesta de las Perdices el enemigo sufrió ayer un serio castigo. En la madrugada última fue volada una mina, hábil y rápidamente preparada, que en cortos instantes terminó en destruir el Moto Club, de la colonia cubana, conocido por el nombre de Casa de Cuba, que los facciosos habían convertido en observatorio y depósito de material. El enemigo sufrió considerable número de bajas.

La eficaz operación nos ha permitido ocupar nuevamente posiciones que fueron nuestras, y que mejoran notablemente la situación en dicho sector.”

Ataques, contraataques, golpes de mano, voladura de minas, combates cuerpo a cuerpo, muertos, heridos, prisioneros, edificios en ruinas, explosiones, ráfagas de ametralladoras y balas perdidas y traicioneras. En los meses que duró la guerra, la Cuesta de las Perdices, en otro tiempo lugar de agradables restaurantes y merenderos, zona de colonias residenciales y “hotelitos”, se transformó en cruento campo de batalla, en un terrible escenario de guerra de trincheras que causo cientos de bajas.

La destrucción lo inundó todo: construcciones deshechas, árboles reventados por las explosiones, alambradas de espino entrelazadas con las antiguas cercas y vallas, laberínticas trincheras, profundos cráteres causados por las temidas minas, cadáveres descomponiéndose en la tierra de nadie...

Todo ello, en un sector del frente en el que las posiciones de cada bando enfrentado llegaban a estar increíblemente cerca las unas de las otras.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1) Zona de chalets en la carretera de La Coruña. A un lado los unos, en frente los otros (1937).
Fotografía 2) Cuesta de las Perdices (1937).

Documentación procedente del AGMA

domingo, 24 de enero de 2010

67) Visita a la línea del frente


VISITA A LA LÍNEA DEL FRENTE

El domingo 24 de enero de 2010, convocada por Gefrema (Grupo de Estudios del Frente de Madrid), se desarrolló una nueva ruta por los escenarios de la guerra civil en Las Rozas.

En esta ocasión, la zona elegida fue La Puentecilla, en donde sobreviven abundantes restos de fortificaciones republicanas. Aunque el tiempo amenazaba lluvia, pronto comenzó a abrir y los algo más de veinte asistentes pudimos disfrutar de un interesante recorrido.

Esta ruta ha sido resultado de la colaboración entre José Ignacio Fernández Bazán, Guillermo Poza Madera y Javier M. Calvo Martínez. La jornada se ha querido dedicar a la memoria de José Ignacio Piñuelo, socio de Gefrema y entusiasta estudioso de la guerra civil en Madrid, recientemente fallecido.

En esta ruta, además de abundantes restos de atrincheramientos, se han visitado un total de nueve nidos de ametralladoras en diverso estado de conservación. Las posiciones visitadas, de las que pronto hablaremos más extensamente en este blog, corresponden a los trabajos de fortificación que el II Cuerpo de Ejército Republicano realizó en esta zona desde el verano de 1938.

A lo largo del recorrido, las explicaciones de los diferentes guías han podido ser ampliadas y complementadas por las aportaciones del resto de asistentes, lo que ha convertido la jornada en un enriquecedor intercambio de información y conocimientos.

Desde “Proyecto Frente de Batalla”, que ha colaborado principalmente en la localización de los restos visitados y en la explicación histórico-militar de los mismos, queremos agradecer, tanto a los organizadores de la ruta, como a los asistentes a la misma, su atención e interés.

Además del trabajo de estudio e investigación de la guerra civil en el noroeste de Madrid, en “Proyecto Frente de Batalla” siempre hemos creído importante trabajar en la difusión socio-cultural del mismo, para que cada vez más personas conozcan esta parte de nuestra Historia y sepan valorar los diferentes restos que de ella se conservan. Por ello, esperamos que iniciativas de este tipo sigan realizándose.

"PROYECTO FRENTE DE BATALLA"

Fotografía: Un momento de la ruta del domingo 24 de enero de 2010 (JMCM)

viernes, 15 de enero de 2010

66) Dehesa de Navalcarbón


DEHESA DE NAVALCARBÓN

A unos tres kilómetros al noroeste del pueblo de Las Rozas, en el kilómetro 21 de la carretera de La Coruña, se encuentra la Dehesa de Navalcarbón. Aunque ya muy alterada y deformada sigue constituyendo un pequeño recuerdo de las dehesas y montes poblados por robustas encinas, así como por diversas especies vegetales (quejidos, enebros, jaras, majuelos, retamas…) típicas de esta zona y que en la actualidad, prácticamente han desaparecido por una depredadora utilización del suelo, principalmente con fines urbanísticos.

Esta dehesa aparece ya mencionada en el capítulo 24 de las “Relaciones” de Felipe II y en el catastro del marqués de la Ensenada, donde se menciona con el nombre de Dehesa Vieja. En algunos mapas antiguos figura con el nombre de Dehesa de Las Rozas. Pero en los mapas del siglo XIX y XX aparece con el nombre de “Los Barros”, quizás, haciendo referencia a algún antiguo horno en el que cocer cerámica, tejas, ladrillos o similares.

Su actual nombre de Navalcarbón, como el ya en desuso de Valdeastillas, con el que se conocía la zona que se extendía por el sur de la dehesa, parecen hacer referencia a la existencia, en un tiempo ya remoto, de carboneras para la obtención de carbón vegetal. Una actividad que daría lugar a la pérdida de buena parte de las viejas encinas que en la antigüedad poblaban la dehesa.

La Dehesa de Las Rozas estaba integrada en una amplia zona denominada “Altos de la Carrascosa” (de carrasca, es decir, encina joven o de pequeño tamaño), que se extendía, más o menos, desde la propia Dehesa hasta el Arroyo del Lazarejo, y que en la actualidad, ha sufrido un espectacular impacto urbanístico.

A lo largo del tiempo, en la Dehesa de Navalcarbón se ha ido procediendo a diversas repoblaciones forestales, basadas principalmente en el pino piñonero, que han permitido que este bosquecillo se haya mantenido hasta nuestros días, motivo por el cual, se ha generalizado también el uso del topónimo “Pinar de Las Rozas” para referirse a este lugar.

En los últimos años los planes de urbanismo han llegado hasta sus linderos, convirtiendo los alrededores en urbanizaciones, centros comerciales, carreteras, recinto ferial y polígono empresarial, lo que ha provocado que la Dehesa haya pasado de sus aires de pequeño bosque a los de una especie de parque grande semi-vallado, donde los vecinos de la zona acuden para realizar deporte, pasear o realizar meriendas (especialmente durante la tradicional romería de la Virgen del Retamar, el primer domingo de mayo).

La última agresión sufrida por este viejo encinar (tememos que no será la última) ha sido el proyecto de construir un canal de cemento que, en circuito cerrado, recorre con agua parte de la Dehesa. La idea se ha basado en la existencia de un viejo proyecto de finales del siglo XVIII, que pudo haber sido pero no fue, de construcción de un gran canal que uniese las aguas del río Guadarrama con las del Manzanares, y las de éste con las del Tajo, para crear una vía de transporte fluvial. Tras varios intentos y muchas modificaciones, poco más que se realizó la excavación de algunos kilómetros de trazado del canal y se construyó la que se conoce como presa del Gasco (entre los términos de Galapagar, Torrelodones y Las Rozas), que aun puede verse en la urbanización Molino de la Hoz. En poco tiempo, la presa se agrieto (encontrándose hoy en estado ruinoso después de doscientos años de abandono) y la idea quedó suspendida y olvidada.

La Dehesa de Navalcarbón constituye un espacio privilegiado para los interesados en la arquitectura militar relacionada con la guerra civil. En su interior se han conservado numerosos restos de aquellos tiempos, convirtiendo el lugar en un magnífico conjunto histórico y arqueológico.

Hasta la fecha he podido catalogar un total de doce construcciones en muy diferentes estados de conservación. Además de estas construcciones podemos encontrar diversos trazados de atrincheramientos y otras huellas que señalan lo que fueron posiciones defensivas, alojamiento de tropas, almacenamientos, refugios, etc.

Todos estos elementos defensivos (la mayoría realizados por el Batallón de Zapadores del II Cuerpo y por la I ª Compañía del 55 Batallón de Obras y Fortificaciones) formaban parte de la “Línea de Detención” que el Ejército Popular de la República construyó en este Subsector del frente desde mediados/finales de 1938, y cuya defensa, en aquel momento, correspondía a la 111 ª Brigada Mixta, adscrita a la 8ª División.

Como ya explicamos en otra ocasión, esta “Línea de Detención” consistía en un complejo entramado defensivo que se extendía a retaguardia de la primera línea del frente o línea principal de resistencia. Su función era frenar una posible rotura del frente por parte del enemigo. Para ello se desarrollaba un intenso plan de obras y fortificaciones en un lugar estratégico en el que pudiera trabajarse con más eficacia y seguridad, lejos del constante hostigamiento enemigo de las primeras líneas que, lógicamente, intentaba dificultar e impedir el fortalecimiento del adversario.

Según un documento de la 8 ª División Republicana, fechado el 21 de febrero de 1939 (cerca de un mes antes de que terminase la guerra), esta “Línea de Detención” se extendía por:

“Ocho Hermanas-Palacio de Zarzuela-Portillera de Las Rozas-Casa de Castrejón-Casa Próculo-Alto de la Carrascosa-Vértice Lazarejo”

Y estaba constituida por ocho Centros de Resistencia, siendo el Centro de Resistencia n º 7, en el que estaban integradas, además de las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón, las que en la actualidad existen en Fuente del Cura y Nava los Santos (de las que hablaremos en otra ocasión).

Según este informe:

Desde el Alto de la Carrascosa hasta el Arroyo de la Retorna, hay construidos bastantes nidos de ametralladoras, en hormigón y en mampostería, así como otros en mampostería para fusil ametrallador. También existen trincheras en condiciones de ser ocupadas y algunos refugios, aunque insuficientes. Desde el Arroyo de la Retorna, hasta el Río Guadarrama, también existen ligeras organizaciones que actualmente se completan”.

Efectivamente, la mayor parte de las construcciones que hoy en día encontramos en la Dehesa de Navalcarbón son fortines de mampostería, variando su tamaño, en función de que su uso fuera para ametralladora o para fusil ametrallador. Éstas fortificaciones, están construidas con piedra granítica, cemento y ladrillo macizo. La planta suele ser cuadrada con un frontal semicircular en el que se abren entre una y tres troneras de tamaño variable.

Todos los fortines de este estilo han perdido total o parcialmente su cubierta abovedada. La causa principal de este deterioro está en la actividad chatarrera que, tras la guerra, se desarrolló en la casi totalidad de los frentes. La estructura interior metálica de muchas de estas construcciones suponía una sugerente fuente de ingresos en los penosos años de la posguerra, siendo ésta, la principal causa de su destrucción. La erosión, el abandono y el paso del tiempo han hecho el resto.

Esta misma tipología de fortificación de mampostería la podemos encontrar en otros muchos puntos de Las Rozas, y puede decirse que constituye el modelo de fortín prototipo del II Cuerpo de Ejército epublicano.

Se conserva, muy deteriorada, una construcción de hormigón armado, cuya tipología se diferencia claramente del resto. Esta fortificación ha sido identificada como un puesto de mando y observatorio. Muy próxima, encontramos una pequeña y curiosa construcción de bloques prefabricados, cuya función resulta difícil de precisar, pero que parece estaba relacionada con la anterior.

Pero sin duda, los fortines más emblemáticos de la Dehesa de Navalcarbón, son, precisamente, los que se encuentran en mejor estado de conservación. Se trata de dos nidos de ametralladora de estructura cilíndrica, con la planta en forma de “ojo de cerradura”, construidos en hormigón armado. Tienen tres grandes troneras frontales y una más pequeña en un lateral trasero, frente a la entrada. En su interior se conserva una estructura de hormigón para la colocación de un arma automática. De éstos, el que se encuentra junto a la residencia de ancianos tiene en su cubierta una inscripción grabada en el cemento fresco difícil de descifrar, pero en la que puede verse perfectamente “1938”.

Existe una construcción similar y en buen estado de conservación, al oeste, en Monte Rozas, en el lugar conocido como “Nava los Santos” (actuales terrenos de la UNED). Hay otra más en “Fuente del Cura”, pero este fortín, al contrario que sus compañeros, se encuentra totalmente destruido.

Junto a estas construcciones, que suelen resultar los restos más atractivos, podemos encontrar interesantes trazados de trincheras y otras huellas de donde debieron de ubicarse diversos parapetos y puestos excavados y reforzados con sacos terreros y otros elementos que no han soportado el paso del tiempo. Todas las fortificaciones estaban unidas por túneles, trincheras cubiertas y otros elementos que hoy sólo se conservan parcialmente.

Cortada la carretera de La Coruña tras los combates de enero de 1937, los republicaos tuvieron que buscar alternativas para mantener las comunicaciones entre la sierra y la capital y para abastecer los diferentes puntos del frente en este sector. Por ello, esta “Línea de Detención” tenía una gran importancia puesto que, además de constituir una segunda línea defensiva, aseguraba las vías de comunicación utilizadas por el II Cuerpo de Ejército. Dentro de este sistema de comunicación, los restos del viejo Canal del Guadarrama, convenientemente acondicionados como pistas militares, fueron muy útiles para el traslado de hombres y materiales a zonas muy próximas al frente.

No todas las posiciones de esta “Línea de Detención” (algunas bastantes kilómetros alejadas del frente) estaban permanentemente ocupadas por la tropa. Muchos puntos permanecían desguarnecidos, pero procurando mantenerlos en buenas condiciones de conservación por si las circunstancias hacían necesario su utilización.

Respecto a las fortificaciones de la actual Dehesa de Navalcarbón (muy próximas a lo que fue el frente), y según el mismo documento que mencionábamos antes, dos de los Batallones de la 111 ª Brigada Mixta que acostumbraban a permanecer en reserva, tenían destacados en el “Alto de la Carrascosa” dos Compañías cada uno al objeto de ayudar al personal de Ingenieros en los trabajos de fortificación. El resto de la tropa de reserva permanecía en sus acantonamientos pero preparados para poder ocupar la “Línea de Detención” entre la carretera de La Coruña y el Vértice Lazarejo en un máximo de 15 minutos.

Los restos de la Dehesa de Navalcarbón, unidos a los existentes en Las Ceudas, Fuente del Cura y Nava los Santos, constituyen un impresionante conjunto de fortificaciones de la guerra civil. En un espacio relativamente pequeño, se conservan muchos elementos de lo que fue la “Línea de Detención” republicana en este sector del frente. Es una pena el poco interés que las diferentes administraciones e instituciones han mostrado hasta la fecha por este patrimonio histórico que, junto a otros muchos restos, convierte a Las Rozas en uno de los municipios madrileños más interesantes para el estudio de la arquitectura militar de la guerra civil.

Esperamos que este desinterés e indiferencia generalizada cambie lo antes posible y los importantes y numerosos restos que aun se conservan (posiblemente el patrimonio histórico más importante de los pueblos del noroeste madrileño) reciban la atención y consideración que se merecen.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografías: Algunas de las construcciones existentes en la Dehesa de Navalcarbón (JMCM)

Documentación procedente del AGMA

jueves, 7 de enero de 2010

65) Cerro de los Gamos


CERRO DE LOS GAMOS

La inmensa mayoría de los fortines de la guerra civil existentes en el noroeste de Madrid datan de la etapa final de la contienda. Éstos son consecuencia de los diferentes proyectos de fortificación diseñados por uno y otro ejército desde finales de 1937, pero cuyos primeros resultados comenzarían a apreciarse a lo largo de 1938, especialmente en su segunda mitad.

Terminada la Batalla de Brunete (julio de 1937) la guerra, definitivamente, se traslada a otros escenarios de la Península. Madrid deja de ser el objetivo principal de los franquistas, convencidos irremediablemente de que su conquista no es posible y que el éxito de la contienda ha de resolverse en otros frentes.

Hay que trasladar tropas a otros lugares y en los frentes del Centro se desarrolla una intensa labor de fortificación que asegure las posiciones de sitiados y sitiadores. No es que con anterioridad no existiesen fortines, pero la inmensa mayoría estaban construidos con sacos terreros, rocas, rollizos de madera y otros materiales improvisados y habían ido surgiendo sin responder a un plan bien definido, de forma un tanto caótica.

Desde finales de 1937 y, sobretodo, a lo largo de 1938 se va a imponer un criterio único y homogéneo para cada Sector. Es por ello que, en cada zona del frente madrileño, podemos hablar de modelos prototipo de fortines. Cada Cuerpo de Ejército, atendiendo a las características del terreno que ocupan, la disponibilidad de materiales y las posibilidades de sus respectivos Batallones de Zapadores, van a ir sustituyendo los primarios nidos de ametralladoras por otros construidos con materiales más sólidos y seguros, especialmente cemento, metal y hormigón. Comienza así, una intensa y bien planificada actividad fortificadora que sólo se verá interrumpida por el definitivo final de la contienda.

Por lo que respecta al Ejército Nacional, en el noroeste madrileño abundan los construidos con hormigón encofrado, variando su tipología en función de la utilidad que la construcción tuviera (posición anti-carro, arma automática, puesto de fusileros, etc.). Los republicanos, por su parte, optarán mayoritariamente por las construcciones de mampostería (los más abundantes en la zona), con tipologías diferentes para el I Cuerpo de Ejército y para el II Cuerpo de Ejército. En los últimos meses de la guerra, un nuevo plan de fortificación republicano implicará la construcción de algunos nidos de hormigón de muy buena calidad (de los que nos han llegado algunos ejemplos en la Dehesa de Navalcarbón, en Las Rozas, o en los actuales terrenos de la UNED, en Nava los Santos, en Monterozas).

Quiere esto decir que, en líneas generales y en contra de lo que algunas personas creen, los fortines que hoy en día nos encontramos en el noroeste de Madrid, no sufrieron los embates de las grandes batallas desarrolladas en la zona (Batalla de la Carretera de La Coruña y Batalla de Brunete), por la sencilla razón de que no se habían construido cuando estas se produjeron. Más bien son consecuencias de éstas y sirvieron para asegurar el terreno que cada ejército ocupó tras las mismas.

Sin embargo, en los meses previos a la Batalla de Madrid (iniciada a principios de noviembre de 1936), ante el imparable avance de las columnas franquistas hacia la capital, se construyeron, a través del conocido como “Plan Masquelet”, una serie de fortificaciones para intentar defender Madrid. Fueron éstas, construcciones de hormigón armado de una gran calidad y de las que nos han llegado numerosos ejemplos distribuidos por diferentes puntos de la Comunidad.

En general, responden a una tipología similar: de gran tamaño, forma cúbica, muchos de ellos emparejados y con una única y amplia tronera. Sus restos, algunos parece que no pudieron ser finalizados, rodean a Madrid, apareciendo en lugares tan dispares como la carretera de Barcelona, Alameda de Osuna, Cerro de los Ángeles, Getafe, Leganés, carretera de Burgos…

Por lo que respecta al noroeste madrileño, afortunadamente contamos con interesantes ejemplos de este tipo de fortines en la Dehesa de la Villa, El Pardo, Pozuelo y Aravaca. En la revista  "Frente de Madrid" nº 12, editada por GEFREMA (Grupo de Estudios del Frente de Madrid), aparece un interesante artículo sobre estas fortificaciones, escrito por el investigador Jacinto Arévalo Molina, con el título "El cinturón de Madrid, una fortificación olvidada".

Lamentablemente, algunos han desaparecido hace pocos años, siendo el caso más sangrante el de los fortines del Cerro de Bularas, en Pozuelo, donde la mala fe de algunas personas, cegadas por una avaricia que esperamos se les acabe indigestando, les llevó a destruir ruinmente dos magníficos fortines que se encontraban en perfecto estado de conservación, ante el temor de que pudieran convertirse en un obstáculo para sus delirios urbanísticos. Todo con la pasividad, cuando no complicidad, de la Administración de turno.

Es intolerable que el Patrimonio histórico-cultural que pertenece a todos, dependa de los intereses particulares de ciertos individuos que demuestran tener una nula sensibilidad al respecto. Por fortuna, contamos con la otra cara de la moneda, como es el caso de los fortines de Camarines (Aravaca) que miran hacia la carretera de Castilla. Dos magníficos ejemplares que gracias a la iniciativa y esfuerzo de GEFREMA, no sólo se han salvado de terminar enterrados, sino que de forma periódica se intentan cuidar y mantener en buenas condiciones.

Pese a todo, en Pozuelo todavía se conservan algunos buenos ejemplos de las fortificaciones que la República construyó antes de noviembre de 1936 para intentar defender Madrid. Dos de estas construcciones las encontramos en la Calle Isla de Sálvora, esquina Avenida del Monte, y aunque se encuentran en una propiedad privada, pueden verse perfectamente desde la valla metálica. Además de estas construcciones, existen otros dos fortines en el Cerro de los Gamos, en los cuales vamos a detenernos un poco más.

El Cerro de los Gamos formó parte de lo que en la época se conocía como Bosque de Remisa, una masa boscosa entre Pozuelo y Majadahonda, actualmente dividida en fincas públicas y privadas, tales como el Monte del Pilar, Monte de Pozuelo, antigua Finca de los Oriol, y numerosos “mordiscos” que han supuesto la construcción de diversas urbanizaciones y edificios de empresas en la zona. Buena parte de éste bosque (una de las zonas verdes más importantes del noroeste de Madrid) es de uso público y perfectamente se puede pasear por él, disfrutando de un entorno muy agradable.

Durante la batalla de la carretera de La Coruña, las cotas y lomas del Bosque de Remisa se convirtieron en importantes objetivos militares, sucediéndose duros combates a lo largo de varias jornadas. Entre sus árboles y matorrales, se desarrolló una confusa lucha debido a las características del terreno, propicio a las sorpresas y las emboscadas y en donde era normal la desorientación de las tropas. Los episodios más duros se produjeron en las escasas construcciones existentes en su interior, convenientemente fortificadas y por cuya posesión se produjeron numerosas bajas en ambos ejércitos. Especialmente la llamada “Casa de Remisa”, un pequeño conjunto de construcciones situadas en la cota más alta del bosque.

Controlado definitivamente por los franquistas en torno al 6 de enero de 1937, las alturas de Remisa se convirtieron en unos observatorios privilegiados y en unas excelentes posiciones desde las que batir la carretera de La Coruña y las líneas republicanas al otro lado de la misma. Además, los numerosos caminos y pistas que surcaban el bosque, sirvieron como importantes vías de comunicación de las líneas franquistas en este sector del frente, ocultas a la vista del enemigo por la masa boscosa.

Son muy pocos los restos que en la actualidad podemos encontrar de la guerra civil en lo que fue el Bosque de Remisa. Algunos restos de trincheras, en general muy difuminadas por la erosión, muchas veces casi indetectables, una bala o resto de metralla que esporádicamente aparece en el terreno y poco más.

Sin ninguna duda, los restos más importantes y significativos de la guerra civil en esta zona, lo constituyen los fortines republicanos del Cerro de los Gamos, en el extremo oriental del bosque, casi pegados a la M-40, frente a Pozuelo. Como hemos señalado anteriormente, estas construcciones formaron parte del plan defensivo desarrollado entorno a la capital durante los meses previos a la Batalla de Madrid. Su estado de conservación, salvo los habituales desperdicios que suelen encontrarse en el interior de estas construcciones, es excelente.

Se trata de una pareja de fortines de hormigón, de forma cúbica con la cubierta exterior ligeramente abovedada. La planta de cada uno de ellos tiene unas medidas de unos 3 m x 4,30 m aproximadamente, con un acceso en la parte trasera y otro en uno de los laterales que servía para comunicar a ambos fortines. Cada fortín cuenta con una única tronera y sus muros tienen un grosor de 1,5 m.

Como curiosidad, cabe destacar que en la cubierta de uno de ellos, sus constructores grabaron en el hormigón fresco las inscripciones “UHP” y “UGT”, si bien es cierto que el tamaño de las mismas es muy pequeño y que en la actualidad resulta difícil detectarlas, por lo que normalmente pasan desapercibidas.

Verdaderamente, estos fortines siguen transmitiendo cierto respeto y es fácil imaginar lo que en la época, con sus correspondientes armas automáticas asomando por las troneras, debieron de suponer para quienes se propusieran atacar la posición. Del papel que estas construcciones pudieron jugar durante las jornadas de la batalla de la carretera de la Coruña, hasta la fecha, no cuento con datos ni información significativa. Parece ser que, en general, su efectividad fue muy limitada y, en cualquier caso, es evidente que no impidieron el avance de las columnas franquistas.

El caos y la desorganización que en diferentes momentos reinó en las filas republicanas parece que restó fuerza al potencial de algunas de estas construcciones. Como ejemplo de esta descoordinación es significativo lo que Mijail Kolstov (del que ya hemos hablado en otros momentos) dejó escrito un 11 de enero de 1937 en uno de sus diarios:

“Con todo su heroísmo, nuestras unidades pagan un alto precio por el confusionismo, la inepcia, la desorganización y, tal vez, la traición en los Estados Mayores. Sólo ahora se supo casualmente que en el bosque de Remisa existían unas fortificaciones muy buenas, construidas en octubre con trincheras, abrigos y emplazamientos de ametralladoras hechos de hormigón. En Madrid nadie se preocupó de comunicárselo a las unidades, que combatieron a doscientos metros de unas trincheras hechas, sin sospechar de su existencia. Los soldados, faltos de tiempo para atrincherarse, abandonaron el bosque.” (Kolstov, M. “Diario de la guerra española”, Madrid, Edt. Akal, 1978, p. 324).

Resulta sugerente imaginar que los emplazamientos de ametralladoras de hormigón de los que habla Kolstov sean los del Cerro de los Gamos, pero carecemos de más datos para poder confirmar esta hipótesis.

Sea como fuera, lo cierto es que, concretamente en el sector de Pozuelo, los republicanos desarrollaron una intensa labor de fortificación. Diversas fuentes nos hablan de la existencia de numerosas construcciones de cemento y hormigón. Muchas fuentes y testimonios del bando franquista señalan lo duro de los combates en Pozuelo, tanto por el coraje con el que se batieron sus defensores, como por lo dificultoso que resultaba el avance, al encontrarse con abundantes y muy sólidas fortificaciones en todo el sector.

En cualquier caso, las posiciones del Cerro de los Gamos y todo Pozuelo terminaron cayendo en poder de los franquistas a lo largo del día 7 de enero de 1937. Los fortines y demás construcciones defensivas construidas por los republicanos quedaron en poder de los franquistas, que lógicamente las utilizarían en su propio beneficio. Evidentemente, los nidos de ametralladoras de hormigón, no pudieron ser utilizados como puestos de tiro, pues sus troneras, en líneas generales, apuntaban en dirección contraria al frente. Pero debieron de ser reutilizados con diferentes fines, tales como almacenes, depósitos, refugios, etc.

Como curiosidad sobre el devenir de las posiciones republicanas del Cerro de los Gamos tras los combates de la batalla de la carretera de La Coruña, reproduzco un fragmento extraído de un interesante informe de la 11 División Nacional, firmado por el Coronel Don Francisco Delgado Serrano (en aquel momento Jefe de dicha División) el 29 de abril de 1937 en Boadilla del Monte. En este documento se realiza un detenido estudio del frente que cubre la División, desde la Ciudad Universitaria hasta Brunete. Al referirse al “SECTOR EL PALNTÍO”, podemos leer:

“Este es el Sector que pudiera llamarse de mayor seguridad, porque la tapia de El Pardo desde el kilómetro 12,500 hasta el kilómetro 15 de la carretera está ocupada por nuestras fuerzas que en ella han abierto aspilleras y prohíben por tanto el que pueda ser asaltada, pero tiene un punto débil que es desde el extremo de la línea en su parte derecha al enlace del Sector de Aravaca que ha obligado a tomar y fortificar fuertemente una casa llamada la Casa Roja para enlazar fuegos con el extremo izquierdo de Aravaca, pero que por la noche, al impedir la visibilidad, queda un espacio de unos 600 metros por el que puede fácilmente penetrar el enemigo y apoderarse del llamado Cerro de los Gamos, donde existen unos atrincheramientos de cemento hechos precisamente por los rojos y que durante el día es imposible ocupar por estar batido desde El Pardo, hasta el extremo de que en él existen todavía 187 cadáveres de rojos que no se han podido enterrar por tal motivo.”

Es decir, que para finales de abril de 1937, casi tres meses después de la ofensiva sobre la carretera de La Coruña, las posiciones del Cerro de los Gamos permanecían dentro de la zona franquista, pero sin poder ser ocupadas eficazmente ya que el fuego republicano barría toda la zona. El aspecto de este lugar debía de tener ciertos tintes apocalípticos pues casi doscientos cadáveres se descomponían en los alrededores.

Evidentemente, hoy en día todo ha cambiado mucho en el Cerro de los Gamos. No se ven decenas de cadáveres esparcidos por los alrededores, ni se corre riesgo de ser alcanzado por los disparos o la metralla. Como recuerdo de todo aquello sólo permanecen los dos nidos de ametralladoras republicanos, impasibles (de momento) al paso del tiempo. La zona ha sido muy alterada por la M-40, sus ramales, salidas e incorporaciones, pero aun así, cada vez que me acerco a este lugar, no puedo evitar pensar en el informe de la 11 División Nacional al que hago referencia y en el infierno en el que se convirtió este lugar en aquellos lejanos días.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Fortines republicanos del Cerro de Los Gamos (JMCM).

Documentación procedente del AGMA

domingo, 3 de enero de 2010

64) Zona militar


ZONA MILITAR

En diciembre de 1936, Madrid es una ciudad cercada. El enemigo lleva presionando desde principios de noviembre. La guerra ha llegado a sus barrios. Muchas de sus calles se han convertido en primera línea de fuego y se combate entre las ruinas de algunos edificios.

El ataque frontal parece haber fracasado, pero los franquistas han llevado la guerra a los flancos. Si no pueden tomar la ciudad directamente, intentarán aislarla, cortar sus comunicaciones, cerrar aun más el cepo.

Los combates se han trasladado al noroeste de la capital. Primero a Pozuelo, donde la resistencia republicana ha vuelto a frenar la ofensiva enemiga, y ahora al sector de Boadilla, donde los franquistas esperan sacar ventaja de su superioridad en campo abierto.

Desde Valdemorillo hasta la carretera de Valencia, todo el frente late al ritmo de las explosiones y las ráfagas de ametralladoras. La guerra rodea a Madrid, cuyos alrededores se han convertido en un enorme campo de batalla.

Los pueblos del noroeste han ido siendo desalojados poco a poco. Sus poblaciones se han trasladado a zonas más seguras (Hoyo de Manzanares, Torrelodones, Galapagar…), toda la región se ha convertido en zona militar. Salvo algunos civiles que por diferentes motivos pueden resultar útiles, las unidades de combate son las únicas que pueden permanecer en la zona.

Para facilitar su defensa, el frente se divide en sectores y subsectores, pero a la vez, es necesario organizar los movimientos en esta enorme bolsa de terreno. Las vías de comunicación, la circulación de vehículos, el movimiento de personas… todo, debe ser perfectamente controlado y supervisado. Sólo una eficaz vigilancia puede evitar infiltraciones de enemigos, deserciones o evasiones, actos de sabotaje, robos y pillajes, espionaje, etc.

No se trata sólo de hacer frente al enemigo, cada Jefe de Sector tiene la obligación y el compromiso de vigilar atentamente todo lo que ocurre dentro de su zona, tanto en la primera línea de fuego, como a retaguardia de ésta. Cualquier percance que pueda suceder, será responsabilidad suya.

El 15 de diciembre de 1936, el Estado Mayor de las Fuerzas de la Defensa de Madrid, emite una circular interna a todos los Jefes Militares. El título es “INSTRUCCIONES PARA LA REGULACIÓN DE ESTANCIA Y CIRCULACIÓN EN EL FRENTE DE GUERRA”, y en ella se marcan las pautas y protocolos que deben cumplirse en las zonas militares de combate.

El documento comienza con una definición de Frente de Guerra:

“Será considerado como tal la parte del frente sometida de una manera eficaz y directa a los fuegos de la Infantería y Artillería de campaña del enemigo. Sus límites serán los siguientes:

• Anterior: Línea de contacto con el enemigo.

• Posterior: Río Aulencia- Molino del Sopas-Puente del Retamar sobre el Río Guadarrama en la carretera de Galapagar a Las Rozas, Km. 21 de la carretera de La Coruña- Portillera de Las Rozas- Camino de Las Rozas al Pardo- Carretera del Puente de San Fernando al Pardo hasta la Playa-Casa de Valdezana límite del término municipal de Fuencarral-Calle de Francos Rodriguez-Calle Bravo Murillo-Calle San Bernardo-Avenida de Eduardo Dato-Plaza de España-Calle Bailén-Ronda de Segovia-Ronda de Toledo-Ronda de Atocha-Calle del Pacífico-Puente de Vallecas-Carretera de Valencia.

A continuación, dicha circular divide el frente en dos zonas denominadas: “Zona de Vanguardia” y “Zona de Retaguardia”. Separadas entre sí por la línea imaginaria: “Valdemorillo-Villanueva del Pardillo-Majadahonda-Carretera de La Coruña-Puente de San Fernando-Huerta del Obispo-Asilo de la Paloma-Calle Francos Rodriguez-Calle de Ofelia Nieto-Calle de Juan Montalvo-Calle de Guzmán el Bueno-Calle de Alberto Aguilera-Marqués de Urquijo-Rosales-Cuartel de la Montaña-Calle de Eduardo Benet-Paseo de San Vicente-Río Manzanares.”

Una vez que el frente ha quedado definido y dividido en zonas, se pasa a señalar las regulaciones que deben de cumplirse dentro de la zona militar:

REGLAS DE CIRCULACIÓN:

En la “Zona de Vanguardia” queda terminantemente prohibida la circulación por esta zona de toda persona que no perteneciendo a la guarnición del Sector, no vaya provista de un salvoconducto especial expedido en la forma y con los requisitos que más adelante se detallan.

En la “Zona de Retaguardia” seguirá regulándose la circulación de igual forma que en la actualidad.

DESTACAMENTOS DE CONTROL:

Serán de dos clases:

• Fijos: Serán organizados y establecidos por los Jefes de Sector, emplazándolos en los lugares más adecuados para garantizar en todo momento el control de entrada en la zona de vanguardia, a base siempre de establecer el mínimo de ellos al objeto de restar el menor número posible de hombres al frente. Su guarnición será facilitada por las unidades de las columnas.

• Móviles: Tendrán como misión la vigilancia de los intervalos existentes entre los puestos fijos, estableciendo así el enlace entre ellos. Constituidos por patrullas, correrán a cargo de las Secciones de Milicias que a este efecto se asignarán a cada sector.

MISIÓN DE LOS JEFES DE SECTOR:
1. Garantizar en todo momento el cumplimiento de estas instrucciones, prohibiendo el acceso a la zona de vanguardia de toda persona que no esté facultada para ello.

2. Llevar a cabo en la “Zona de Retaguardia” los siguientes cometidos:

• Reconocimiento de fábricas, talleres, almacenes y otros locales para informar al mando de los efectos que existan en los mismos utilizables para fines de guerra, y proponer en su caso, la evacuación de los mismos.


• Prohibir, dentro de las posibilidades de sus medios, toda clase de incautaciones y registros de domicilios privados, a no ser aquellos realizados por personal legalmente autorizado para dicho fin.


• Garantizar el orden y tranquilidad en todo su Sector.


• Ordenar la detención de todos los que faltaran al cumplimiento de estas instrucciones, los cuales serán enviados seguidamente a la Dirección General de Seguridad.


• Dar diariamente parte al General Jefe de las Fuerzas de la Defensa de Madrid, por conducto de la Comandancia Militar de Milicias de todas las novedades que, relativas a este servicio, ocurriesen en su Sector durante las 24 horas anteriores.


SALVOCONDUCTOS:

Serán expedidos para el personal militar por este Estado Mayor y para el civil por el Comisariado de Guerra. Tanto unos como otros se ajustarán al formulario adjunto y deberán llevar conjuntamente los sellos correspondientes de las dos entidades.

INSTRUCCIONES COMPLEMENTARIAS:

1. Los Jefes de Sector remitirán a este Estado Mayor antes de las 18 horas del día de hoy relación nominal del personal de los suyos respectivos que, de una manera normal, hayan de salir y entrar en la zona de vanguardia, a base de reducir al mínimo el número de aquellos individuos cuya misión única sea la de traer a este Cuartel General pliegos y peticiones que normalmente habrán de hacerse por los especialmente encargados de este servicio y, preferentemente, por personal de sus Cuarteles Generales o agentes de enlace.

2. Quedarán exentos de la necesidad de proveerse del oportuno salvoconducto los individuos pertenecientes a las guarniciones de los sectores respectivos que, debidamente autorizados, salgan de ellos por razón de permisos, enfermedad, herida o cualquier otra causa debidamente justificada. A este efecto, los Jefes de Sector y columna proveerán a la salida de la zona de vanguardia a los mencionados individuos los documentos acreditativos de su situación.

3. A partir de la entrada en vigor de estas instrucciones, quedarán caducados todos los salvoconductos expedidos para circular por la “Zona de Vanguardia”. Los expedidos para la “Zona de Retaguardia” también serán renovados por las autoridades encargadas de ello, continuando en vigor las instrucciones que para éstos regían y seguirán rigiendo antes de ser dictadas estas instrucciones.

4. La población civil englobada dentro de la zona de vanguardia deberán proveerse, en el plazo máximo de 4 días, del oportuno salvoconducto para poder seguir residiendo dentro de dicha zona. Estos salvoconductos serán precisamente expedidos por la Consejería de Evacuación. Los Jefes de Sector harán llegar esta orden a los interesados y, entretanto cumple el plazo que se les marca, serán ellos los encargados de regular la permanencia en dicha zona del mencionado personal, otorgando para ello las autorizaciones oportunas.”

Son mediados de diciembre de 1936 y aun queda mucha guerra por delante. En las siguientes semanas, el frente sufrirá importantes variaciones debido a los cruentos combates por el control de la carretera de La Coruña. Muchos de los pueblos del noroeste madrileño se convertirán en campo de batalla, e inmediatamente después, en primera línea de fuego, integrados en una espesa línea de trincheras y fortificaciones.

Durante casi tres años, toda la región se verá directamente inmersa en la locura bélica. Sus edificios, calles, carreteras, campos de cultivo, monumentos, etc. sufrirán una constante devastación. Cada Ejército aprovechará al máximo las posibilidades de las zonas que ocupan. La guerra impondrá sus reglas. Meses de penurias y carencias, de heridos y muertos, de lluvias de metralla y plomo, de cientos de hombres agazapados en trincheras. Largos meses de asedio y cerco que imposibilitaran la vida normal y cotidiana.

Cuando terminado el conflicto, sus antiguos habitantes puedan regresar a sus hogares (los que puedan volver), sólo encontrarán ruinas y destrucción. Muchos municipios deberán ser construidos de nuevo, a través del “Plan de Regiones Devastadas” y la normalidad tardará mucho tiempo en restablecerse.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Puesto de Control en la carretera de La Coruña (ABC).

Documentación procedente del AGMA